Un estudio revela que las hormigas urbanas son más propensas a aceptar alimentos de baja calidad, lo que podría indicar problemas en los ecosistemas urbanos. Esto sugiere un cambio en su comportamiento debido a la vida en la ciudad.
Un reciente estudio publicado en la revista Urban Ecosystems ha revelado que las hormigas negras de jardín comunes (Lasius niger) muestran un comportamiento distinto según su entorno, ya sea en una ciudad bulliciosa o en el campo tranquilo. Un equipo internacional de investigadores de Ucrania, Alemania y Polonia ha descubierto que las hormigas urbanas son mucho más propensas a aceptar soluciones de azúcar de baja concentración, las cuales son típicamente rechazadas por sus contrapartes rurales. Estos hallazgos sugieren que las presiones de la vida urbana podrían estar alterando fundamentalmente su paisaje nutricional.
El estudio se centró en cómo la urbanización, una de las formas más extremas de transformación del uso del suelo, afecta la elección alimentaria de los insectos. Al ofrecer soluciones azucaradas con diferentes concentraciones a hormigas en senderos activos tanto en entornos urbanos como rurales, el equipo descubrió que las poblaciones urbanas mostraban una aceptación significativamente mayor de todos los niveles de sacarosa, siendo la diferencia más pronunciada en las concentraciones más bajas. En otras palabras, las hormigas urbanas estaban mucho más dispuestas a aceptar soluciones de baja concentración que sus homólogas rurales.
“Mientras que los insectos polinizadores como las abejas suelen ser el foco de estudios sobre urbanización, las hormigas son algo descuidadas”, afirma Stanislav Stukalyuk, primer autor del estudio (Instituto para la Ecología Evolutiva, Academia Nacional de Ciencias de Ucrania). “Esto pasa por alto un aspecto importante de la ecología urbana: La hormiga que estudiamos es probablemente la más común en Europa y casi con certeza hay más de ellas que cualquier otra especie polinizadora”.
Tomer J. Czaczkes, autor correspondiente (Freie Universität Berlín), señala que el comportamiento de las hormigas refleja sus experiencias pasadas. “Las hormigas están comparando lo que les ofrecemos con lo que normalmente encuentran en su entorno”, explica. “Las hormigas urbanas pueden estar acostumbradas a recursos ‘diluidos’ y de menor calidad provenientes de vegetación estresada en la ciudad. Cuando se les ofrece una gota de solución azucarada diluida, están felices de aceptarla. Pero las hormigas rurales se sienten ‘decepcionadas’ con esta oferta y desestiman su contenido”.
Aunque el estudio se centró en el comportamiento de una sola especie, los hallazgos sugieren un nuevo enfoque para monitorear la salud general de los ecosistemas urbanos. Dado que las hormigas son sensibles a cambios ambientales y muestran respuestas conductuales rápidas ante la calidad del hábitat, rastrear su “exigencia” podría servir teóricamente como un indicador sutil del nivel de estrés dentro de la comunidad biológica más amplia.
No obstante, Gema Trigos-Peral, última autora del estudio (Museo e Instituto de Zoología, Academia Polaca de Ciencias), advierte sobre la necesidad de cautela: “Este es solo el primer paso. Aún no comprendemos los vínculos causales que llevan desde los ecosistemas urbanos hasta este cambio en las hormigas hacia no ser exigentes. Podría reflejar árboles estresados, pero también podría indicar hormigas estresadas o varias otras cosas. ¡Aún queda mucho por hacer!”
A pesar de esto, los investigadores están entusiasmados con el potencial del estudio. “El método que desarrollamos es rápido, fácil y divertido. Podría ser fácilmente utilizado por científicos ciudadanos y el público general para entender mejor nuestro entorno. Incluso clases escolares podrían realizar tales experimentos”, comenta Czaczkes.
Los resultados subrayan la urgente necesidad de comprender cómo funcionan los ecosistemas urbanos para informar mejor las estrategias de conservación mientras las ciudades continúan expandiéndose a nivel global.