Un robot asistencial de la UC3M, llamado ADAM, aprende a coordinar sus brazos para realizar tareas domésticas observando a humanos, mejorando la calidad de vida de personas mayores.
La investigación sobre robótica en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) se adentra en uno de los desafíos más complejos del sector: la coordinación efectiva de dos brazos que operan en conjunto. Este avance se materializa a través del robot ADAM (Autonomous Domestic Ambidextrous Manipulator), diseñado para llevar a cabo tareas asistenciales en el hogar. Según Alicia Mora, investigadora del Mobile Robots Group, “ADAM puede poner y recoger la mesa, organizar la cocina o incluso acercar un vaso de agua o medicinas a su usuario”. Además, el robot ofrece asistencia al vestirse, facilitando el acceso a prendas como abrigos.
El objetivo primordial de ADAM es ayudar a las personas mayores en sus actividades diarias, tal como explica Ramón Barber, director del grupo investigador y catedrático del Departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática: “Gestos simples como recibir un vaso de agua o tener la mesa puesta son una gran ayuda para muchas personas”. Este enfoque resalta la importancia de la robótica en el apoyo cotidiano.
Recientemente, durante el congreso IROS 2025 celebrado en China, los investigadores Adrián Prados y Gonzalo Espinoza presentaron un método innovador para coordinar los movimientos de los brazos de ADAM. La técnica consiste en enseñar a cada brazo a realizar tareas de manera independiente mediante un proceso llamado “aprendizaje por imitación”, seguido por una comunicación continua entre ambos brazos utilizando un sistema matemático conocido como Propagación de Creencias Gaussianas. Este enfoque permite que los brazos trabajen juntos sin interrupciones, evitando colisiones y optimizando su movimiento.
A diferencia de los métodos tradicionales que requieren programación exhaustiva, este nuevo paradigma permite que el robot aprenda observando acciones humanas. Sin embargo, replicar movimientos no es suficiente; el verdadero reto radica en la adaptación y comprensión del entorno. Los avances realizados permiten que los movimientos aprendidos se comporten como una “goma elástica”, adaptándose a cambios sin perder la esencia de la acción original.
El funcionamiento del robot se estructura en tres fases: percepción, razonamiento y acción. En primer lugar, ADAM recoge datos del entorno mediante sensores; posteriormente, procesa esta información para extraer datos relevantes; finalmente, decide cómo actuar. Para ello, utiliza sensores láser y cámaras RGB que generan modelos tridimensionales del entorno.
A pesar de ser actualmente una plataforma experimental con un coste aproximado entre 80.000 y 100.000 euros, la tecnología detrás de ADAM muestra potencial para ser accesible dentro de 10 a 15 años. Este avance tecnológico es crucial ante el creciente envejecimiento poblacional. Como concluye Ramón Barber, “los robots asistentes son herramientas clave para mejorar la calidad de vida y autonomía” de las personas mayores.
Referencias bibliográficas: