Spotify vuelve a sacar pecho con sus cifras millonarias. Su informe anual Loud & Clear asegura que el streaming está creando más artistas que viven de la música que nunca. Las cifras son espectaculares, sí. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿a quién le llega realmente ese dinero?
Spotify tiene una tradición que repite cada año: publicar su informe Loud & Clear para demostrar que el streaming es, en realidad, una gran noticia para los músicos. El objetivo es sencillo: explicar cómo funciona la economía del streaming y, de paso, responder a una crítica que nunca termina de desaparecer: que pagar por reproducciones no parece precisamente un modelo que haga ricos a la mayoría de artistas.
En su edición de 2026, basada en los datos de 2025, la plataforma vuelve a sacar números impresionantes. Según Spotify, más de 11.000 millones de dólares fueron pagados a la industria musical en un solo año, la cifra más alta que cualquier minorista musical ha desembolsado jamás.
Suena espectacular. Y lo es… al menos en términos absolutos.
Si ampliamos el foco, Spotify asegura que desde su lanzamiento ha distribuido cerca de 70.000 millones de dólares en royalties. Además, aproximadamente la mitad de esos ingresos termina en manos de sellos y artistas independientes, un dato que la compañía destaca como prueba de que el ecosistema musical actual es más diverso que nunca.
Hasta aquí, el discurso oficial: el streaming no solo ha salvado la industria musical tras la crisis de la piratería, sino que también ha creado más oportunidades que nunca.
La cuestión es si todos están igual de convencidos.
Uno de los argumentos centrales del informe es que cada vez más artistas generan ingresos relevantes gracias a la plataforma. Spotify señala que 13.800 artistas generaron al menos 100.000 dólares en royalties durante 2025 solo en su servicio.
Sobre el papel, la cifra suena prometedora. La plataforma también afirma que más de 1.500 artistas superaron el millón de dólares en ingresos anuales, mientras que unos 80 artistas superaron los 10 millones.
Pero como ocurre con casi todas las estadísticas del streaming, los matices importan.
Esos ingresos no van directamente al bolsillo del artista. Antes pasan por sellos discográficos, distribuidores, editores y sociedades de gestión, lo que significa que la cantidad final depende en gran medida de los contratos de cada músico.
En otras palabras: facturar un millón en Spotify no significa necesariamente cobrar un millón.
Donde sí parece haber consenso es en el impacto global del streaming. La digitalización ha eliminado muchas de las barreras que antes limitaban la distribución musical.
Hoy un artista puede lanzar una canción desde cualquier lugar del mundo y encontrar audiencia en mercados que antes eran inaccesibles. Spotify destaca que muchos músicos generan una parte significativa de sus ingresos fuera de su país de origen, un fenómeno que explica la expansión global de géneros como el pop latino, el K-pop o el afrobeats.
En ese sentido, el streaming ha ampliado el mercado musical de una forma que habría sido impensable hace dos décadas.
Spotify insiste en que el informe Loud & Clear busca aportar transparencia a un sistema que a menudo resulta confuso incluso para los propios artistas. La plataforma recuerda que aproximadamente el 70% de sus ingresos se destina a titulares de derechos, que luego reparten ese dinero según sus acuerdos contractuales.
Sin embargo, el debate sigue abierto.
Muchos músicos critican que el modelo de reparto —basado en la proporción total de reproducciones— beneficia principalmente a los artistas más escuchados, mientras que la inmensa mayoría compite por una fracción muy pequeña del pastel.
Así que sí: el streaming genera más dinero que nunca. Spotify tiene razón en eso.
La duda que sigue flotando en el aire es otra: si el negocio de la música está creciendo tanto… ¿por qué tantos artistas siguen diciendo que apenas llegan a fin de mes?