Un estudio de la Universidad de Manchester revela que el calor generado por el tráfico urbano contribuye al aumento de las temperaturas en las ciudades, afectando tanto el clima exterior como interior.
Un reciente estudio realizado por científicos de la Universidad de Manchester ha revelado una nueva metodología para medir cómo el tráfico contribuye al aumento de las temperaturas urbanas. Este trabajo pone de manifiesto que el uso cotidiano de vehículos puede tener un impacto significativo en el calentamiento de las ciudades.
Los investigadores han desarrollado un módulo físico innovador que permite representar el calor generado por el tráfico urbano dentro del Community Earth System Model (CESM), uno de los modelos climáticos globales más utilizados para predecir el comportamiento del clima terrestre. Al integrar los procesos térmicos relacionados con el tráfico urbano en este modelo numérico, el equipo pudo demostrar cómo los vehículos pueden elevar las temperaturas en las ciudades y afectar la transferencia de calor entre carreteras, edificios y el aire circundante.
El estudio, publicado en el Journal of Advances in Modeling Earth Systems, utilizó datos reales de tráfico proporcionados por Transport for Greater Manchester (TfGM), junto con conjuntos de datos abiertos para validar el modelo en Manchester, Reino Unido, y Toulouse, Francia. El Dr. Zhonghua Zheng, autor principal y co-líder del área de Ciencia de Datos Ambientales y AI en el Manchester Environmental Research Institute (MERI), destacó que la investigación sobre calor urbano se había centrado tradicionalmente en edificios y superficies terrestres, dejando en segundo plano el calor producido directamente por los vehículos.
“Nuestro modelo permitirá a los científicos simular cómo el calor liberado por los vehículos interactúa con calles, edificios y la atmósfera circundante”, afirmó Zheng.
En Manchester, los resultados indicaron que el calor generado por el tráfico incrementó las temperaturas simuladas del aire aproximadamente en 0.16°C durante el verano y 0.35°C en invierno. Aunque estos aumentos puedan parecer pequeños, pueden tener un efecto considerable durante eventos extremos de calor.
Durante la ola de calor del Reino Unido en julio de 2022, se sugirió que el calor relacionado con el tráfico contribuyó a aumentar los indicadores de estrés térmico humano, elevando la temperatura “real” por encima de umbrales peligrosos durante períodos prolongados. Además, se encontró que este fenómeno no solo afecta las temperaturas exteriores, sino también las interiores; el calor liberado a nivel de calle puede transferirse a los edificios, aumentando así la necesidad de aire acondicionado durante los meses más cálidos.
A diferencia de enfoques anteriores, este nuevo modelo permite simular diferentes tipos de vehículos —incluyendo aquellos a gasolina, diésel, híbridos y eléctricos— y puede adaptarse a cambios en patrones de tráfico y condiciones meteorológicas. Esto proporciona a científicos y responsables políticos una herramienta valiosa para explorar cómo las transformaciones en los sistemas de transporte podrían influir en la cantidad de calor que añade el tráfico a los entornos urbanos.
El trabajo tiene implicaciones importantes para ayudar a las ciudades a comprender cómo las políticas de transporte y la transición hacia vehículos más limpios podrían influir en su resiliencia climática futura. Yuan Sun, primer autor del estudio y estudiante doctoral en la Universidad de Manchester, enfatizó: “Es fundamental considerar los sistemas de transporte al planificar la adaptación al clima, estrategias para enfriar las ciudades y transiciones hacia emisiones netas cero”.