La investigación sobre la Liguria revela interacciones complejas entre agricultores y cazadores-recolectores en el Neolítico, destacando procesos de asimilación y estabilidad poblacional a lo largo del tiempo.
Liguria se revela como un invaluable recurso para el estudio de las migraciones antiguas. Esta región italiana destaca por su notable concentración de restos humanos provenientes de contextos arqueológicos, especialmente de grotas, que en su mayoría se encuentran conservados en museos. Esto permite llevar a cabo análisis sobre muestras significativas sin necesidad de realizar nuevos excavaciones.
Un reciente estudio internacional, publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, se centra precisamente en esta área. La investigación ha examinado los restos de individuos hallados en diversos sitios del Finalese, en la provincia de Savona, tanto en la costa como en el interior. El periodo analizado corresponde al inicio de la difusión de la agricultura en la península italiana, comenzando alrededor del 6000 a.C., cuando grupos de agricultores procedentes del Vicino Oriente, especialmente de Anatolia, llegaron a Europa y entraron en contacto con las poblaciones locales de cazadores-recolectores.
El estudio utiliza un enfoque morfométrico, que se basa en el análisis de las características craneales de 27 individuos, comparándolos con amplias muestras europeas de diferentes épocas. Las relaciones entre las poblaciones han sido reconstruidas mediante técnicas estadísticas multivariadas, utilizando la forma del cráneo como indicador de afinidades biológicas.
Los resultados ofrecen una visión compleja sobre las interacciones entre poblaciones. En las primeras fases del Neolítico, se observan indicios compatibles con procesos de asimilación. Los grupos agrícolas que llegaron desde el exterior contactaron y se mezclaron parcialmente con los cazadores-recolectores locales. Sin embargo, en etapas posteriores, la población parece más homogénea. Esto no implica que los cazadores-recolectores fueran reemplazados progresivamente por los agricultores; más bien indica que tras una fase inicial de mezcla, la población se estabiliza y deja de incorporar significativamente nuevos individuos locales.
La disminución de variabilidad refleja una reducción en los contactos e integraciones, más que un proceso directo de sustitución. “Los resultados demuestran que el poblamiento neolítico de Liguria fue el resultado de interacciones diversas entre grupos humanos, con consecuencias no uniformes a lo largo del tiempo y el espacio”, explica la profesora Elisabetta Starnini, del Departamento de Civilización y Formas del Saber de la Universidad de Pisa y coautora del estudio. “Las migraciones no son un fenómeno lineal sino un proceso complejo que ha acompañado siempre a la historia humana”, añade Starnini.
Este trabajo cuenta con la colaboración de varias instituciones académicas, incluyendo la Universidad de Cagliari, la Universidad de Florencia, la Universidad de Palermo, el CNRS y la Universidad de Burdeos.