Los problemas de suministro de medicamentos son persistentes, causados por fallos en la producción y cambios regulatorios. La falta de diversidad en la fabricación y la dependencia del extranjero agravan la situación.
La fiabilidad en el suministro de medicamentos es esencial para el funcionamiento de cualquier sistema de salud. Sin embargo, las faltas de stock se han convertido en un problema persistente que afecta a muchos países. Las interrupciones en la cadena de suministro pueden deberse a diversas causas, como fallos en la fabricación, cambios en la demanda, regulaciones cambiantes y conflictos bélicos.
Un estudio revela que aproximadamente el 60% de los problemas relacionados con la falta de medicamentos están vinculados a cuellos de botella en la producción. Además, la escasez tanto de productos terminados como de ingredientes básicos deja a sistemas sanitarios como el del NHS expuestos y vulnerables.
Dada la gravedad del asunto, se han realizado intervenciones a niveles gubernamentales altos. En el Reino Unido, un reciente informe de la Cámara de los Lores ha instado a una dirección más estratégica sobre el suministro de medicamentos. Este documento advierte sobre la falta de supervisión adecuada y subraya que no se está tratando la escasez como un asunto de seguridad nacional, a pesar del evidente riesgo que representa para la salud pública.
Las medidas implementadas por el gobierno, entre ellas el protocolo del National Supply Disruption Response, buscan mitigar los efectos de estas faltas. Los farmacéuticos y médicos pueden dispensar medicamentos alternativos cuando sea necesario, y los doctores tienen instrucciones para evitar iniciar tratamientos nuevos con fármacos que estén en escasez. No obstante, estas acciones solo gestionan la escasez existente sin abordar sus causas.
Aun más complicado es el hecho de que muchos pacientes continúan utilizando recetas que pueden no necesitar ya. Bajo presión, los servicios del NHS carecen frecuentemente de capacidad para revisar y reducir adecuadamente los tratamientos. Este proceso conocido como “de-prescripción” debe ser gradual para evitar efectos adversos, lo que limita la posibilidad de movilizar rápidamente este potencial reserva de medicamentos.
La dependencia del Reino Unido en cuanto a la fabricación extranjera añade otra capa de vulnerabilidad. Una proporción significativa de medicamentos esenciales se produce fuera del país, concentrándose en naciones como India, Israel e Irlanda. Esta falta de diversidad en las fuentes deja las cadenas de suministro frágiles, especialmente durante períodos de disrupción global.
Recientemente, las faltas han afectado una amplia variedad de tratamientos, incluyendo Ritalin, utilizado para tratar el TDAH; propranolol, empleado para condiciones cardíacas y ansiedad; así como fármacos utilizados en terapia hormonal sustitutiva y diabetes. Actualmente hay cerca de 120 medicamentos en situación crítica en el Reino Unido.
El propranolol es uno de los 120 medicamentos actualmente escasos.
Tanto médicos generales como farmacéuticos tienen autorización para recurrir a alternativas cuando hay escasez. Algunos fármacos son estructuralmente similares a los que faltan; sin embargo, las diferencias en su producción y forma de administración pueden hacer que no sean equivalentes. Por ejemplo, las versiones de liberación inmediata pueden generar picos más pronunciados y ser eliminadas rápidamente por el organismo, lo cual puede causar brechas en el control sintomático.
A pesar del desafío que representan estas circunstancias, es crucial que se invierta sostenidamente en la fabricación local y exista una voluntad política genuina para abordar esta problemática como una prioridad a largo plazo. Mientras tanto, es fundamental proporcionar a los profesionales sanitarios los recursos necesarios para manejar con confianza las faltas y asegurar que los pacientes reciban información clara sobre cualquier cambio relacionado con su medicación.
Tracy Hussell, Directora del Lydia Becker Institute of Immunology and Inflammation,
Universidad de Manchester
Las escaseces de medicamentos pueden ser causadas por fallos en la fabricación, fluctuaciones en la demanda, cambios regulatorios y conflictos bélicos. Aproximadamente el 60% de las escaseces están relacionadas con cuellos de botella en la fabricación.
El gobierno ha implementado protocolos como el National Supply Disruption Response, que permite a farmacéuticos y médicos dispensar medicamentos alternativos cuando sea apropiado. Sin embargo, estas medidas gestionan la escasez en lugar de prevenirla.
No todos los medicamentos alternativos son equivalentes, ya que pueden diferir en su forma de producción y cómo se absorben en el cuerpo. Esto puede afectar tanto la eficacia del tratamiento como los efectos secundarios experimentados por los pacientes.
Se requiere una inversión sostenida en la fabricación nacional y un compromiso político genuino para tratar este problema como una prioridad a largo plazo. También es crucial diversificar los proveedores internacionales para reducir la vulnerabilidad.