La investigación revela que las personas liberadas de prisión en Inglaterra enfrentan interrupciones en su medicación debido a sistemas de salud fragmentados y procesos de alta ineficaces, aumentando el riesgo de daño.
Un nuevo estudio revela que las personas que salen de prisión en Inglaterra enfrentan interrupciones evitables en su medicación debido a sistemas de atención médica fragmentados, deficiencias en el intercambio de información y procesos de alta apresurados. Esta investigación, realizada por la Universidad de Manchester, destaca la necesidad urgente de mejorar la coordinación del cuidado en un momento crítico para estas personas.
Las altas repentinas o fuera del horario laboral dificultan la continuidad del tratamiento médico.
La falta de sistemas informáticos integrados provoca que datos importantes no sigan a los pacientes tras su liberación.
Se proponen intervenciones colaborativas y planificación anticipada para reducir riesgos relacionados con medicamentos.
El estudio, financiado por el National Institute for Health and Care Research (NIHR) Greater Manchester Patient Safety Research Collaboration (GM PSRC), se publicó recientemente en la revista Health Expectations. Según los investigadores, los problemas más comunes incluyen demoras en la transferencia de registros médicos entre las clínicas penitenciarias y los médicos comunitarios, así como confusión sobre quién es responsable de planificar las altas. Además, las presiones laborales pueden dejar poco tiempo para preparar adecuadamente a los reclusos para su salida.
Los profesionales de salud entrevistados también mencionaron que los sistemas informáticos desactualizados o incompatibles contribuyen a que información crucial no llegue a los pacientes al salir de prisión. Esto puede resultar en dosis perdidas y tratamientos interrumpidos, aumentando así el riesgo de daño para estas personas vulnerables.
La autora principal del estudio, Dr. Claire Planner, señala que existen oportunidades claras para disminuir los riesgos relacionados con la medicación al momento del alta. Es esencial desarrollar intervenciones planificadas conjuntamente con los reclusos y los servicios pertinentes, priorizando la coordinación y la continuidad informativa.
Por su parte, la profesora Maria Panagioti, coautora del estudio, enfatiza que la seguridad en la medicación se ve comprometida durante uno de los momentos más críticos del cuidado: cuando las personas dejan prisión. Los hallazgos sugieren que una mejor coordinación y un intercambio oportuno de información podrían prevenir muchos de estos riesgos.
El equipo investigador analizó las opiniones de 12 profesionales, incluidos médicos generales y farmacéuticos, utilizando el marco Systems Engineering Initiative for Patient Safety (SEIPS). Identificaron cinco factores principales que contribuyen a las transiciones inseguras en la medicación: prácticas impredecibles de liberación, mala comunicación entre servicios, escasez de personal, sistemas informáticos obsoletos y desafíos a nivel del paciente como baja alfabetización sanitaria y problemas habitacionales inestables.
El estudio advierte que estas presiones se ven intensificadas por el alto índice de rotación en las prisiones; casi la mitad de todas las admisiones sentenciadas en 2023 duraron menos de 12 meses. Asimismo, subraya que las necesidades complejas de salud mental y física son mucho mayores entre quienes están bajo custodia comparado con la población general.
Los investigadores abogan por una planificación anticipada del alta desde el ingreso al centro penitenciario, prescripción electrónica para asegurar un acceso oportuno a medicamentos y equipos dedicados a facilitar el proceso transicional. Dr. Planner concluye que “una gestión más segura de los medicamentos es posible pero requiere una acción coordinada entre los sistemas sanitarios penitenciarios y comunitarios”. Mejorar la comunicación y clarificar responsabilidades podría reducir significativamente el daño evitable para miles de personas que abandonan prisión cada año.
Los problemas en la atención médica para los prisioneros liberados se deben a prácticas de liberación impredecibles, mala comunicación entre servicios, escasez de personal, sistemas informáticos obsoletos o incompatibles, y desafíos a nivel del paciente, como baja alfabetización en salud y dependencia de sustancias.
Se proponen varias soluciones, incluyendo una planificación de alta más temprana que comience al ingreso en prisión, prescripción electrónica para asegurar el acceso oportuno a la medicación, mejor continuidad de los registros médicos, equipos dedicados a la transición y reuniones multidisciplinarias para coordinar casos complejos.
La alta rotación en las prisiones intensifica los problemas, ya que casi la mitad de todas las admisiones sentenciadas en 2023 duraron menos de 12 meses. Esto puede complicar aún más las necesidades médicas complejas de las personas en custodia.