El 28 de abril de 2025, una serie de eventos en la red eléctrica de la península ibérica provocó un apagón masivo de 12 horas. Expertos analizan las causas y lecciones aprendidas para prevenir futuros incidentes.
El 28 de abril de 2025, la red eléctrica que abastece a España y Portugal sufrió un colapso total, provocando caos en las ciudades, interrumpiendo las comunicaciones y dejando a miles de personas atrapadas en trenes, aeropuertos y ascensores a lo largo de la península ibérica, así como en una pequeña área del suroeste de Francia. Este apagón sin precedentes duró hasta 12 horas en algunas zonas, incluyendo Madrid. La rápida búsqueda de culpables se centró inicialmente en ciberataques, sabotajes y fenómenos naturales como las erupciones solares.
A pesar de estas especulaciones iniciales, un panel de expertos fue convocado para investigar las verdaderas causas del apagón. Después de un año de análisis exhaustivo, quedó claro que no había una sola causa identificable; si bien la generación solar y eólica era alta, los especialistas coincidieron en que estas fuentes renovables no eran responsables del fallo.
Pablo Duenas-Martinez, científico investigador del MIT Energy Initiative y profesor asistente en la Universidad Pontificia Comillas en Madrid, ofrece una perspectiva sobre el funcionamiento adecuado de una red eléctrica. Según él, existen dos componentes esenciales: la potencia activa, que alimenta nuestros dispositivos eléctricos, y la potencia reactiva, que regula el voltaje necesario para su correcto funcionamiento. El operador del sistema de transmisión (TSO) debe equilibrar ambos componentes, lo cual puede ser complicado.
La potencia activa es gestionada principalmente a través de mercados, mientras que controlar la potencia reactiva requiere más esfuerzo. Normalmente, el TSO recurre a generadores convencionales —como plantas nucleares o de gas— para ajustar la potencia reactiva. Sin embargo, los generadores solares y eólicos suelen absorber potencia reactiva sin poder inyectarla cuando es necesario. Esta situación se complica aún más con los pequeños sistemas solares conectados directamente al sistema de distribución, que escapan al control del TSO.
El día anterior al apagón, el TSO confirmó que no había generadores convencionales programados para operar. Para garantizar un funcionamiento seguro al día siguiente, se dispusieron 12 generadores convencionales; sin embargo, uno notificó su imposibilidad para operar. A pesar de ello, el TSO continuó con solo nueve unidades disponibles para controlar la potencia reactiva.
Durante la mañana del 28 de abril se detectaron oscilaciones menores en la red eléctrica provenientes tanto de Europa como de España. Para estabilizar la red debilitada, el TSO tomó medidas técnicas adicionales. A las 12:19 p.m., se registró una oscilación significativa desde Europa. En respuesta a esto, el TSO redujo las exportaciones a Portugal y cambió las corrientes hacia Francia. Aunque estas acciones estabilizaron temporalmente el voltaje, se reconoció que había capacidad limitada para controlarlo.
En cuestión de segundos tras estos eventos previos, el voltaje aumentó drásticamente y varios generadores comenzaron a desconectarse automáticamente para evitar daños. Esto provocó un efecto dominó: muchas instalaciones solares pequeñas se apagaron instantáneamente debido al aumento del voltaje. Así comenzó lo que algunos han denominado una "espiral mortal", resultando en un apagón total en toda la península ibérica y partes del sur de Francia.
Tras este evento catastrófico, se ha subrayado la necesidad urgente de contar con un número suficiente de plantas convencionales preparadas para proporcionar control reactivo inmediato. Se recomienda establecer una proporción adecuada entre generadores convencionales y renovables dentro de cada región específica para asegurar estabilidad local.
Además, las normas sobre cómo gestionar la potencia reactiva han sido revisadas; ahora se exige que las grandes plantas solares y eólicas proporcionen control reactivo y se les ofrecerán incentivos económicos por hacerlo. También es crucial mejorar la comunicación entre los operadores del sistema eléctrico para prevenir futuros problemas relacionados con desconexiones inesperadas.
A medida que se implementan estos cambios basados en los aprendizajes obtenidos tras el apagón del 28 de abril, hay esperanzas fundadas en que tales incidentes no vuelvan a repetirse en el futuro cercano.
Una red eléctrica bien funcionando debe equilibrar la oferta y la demanda de energía activa, mientras controla la potencia reactiva para mantener un voltaje adecuado. El operador del sistema de transmisión (TSO) debe coordinar ambos componentes, lo que puede ser complicado, especialmente al controlar la potencia reactiva, que a menudo depende de generadores convencionales.
El 28 de abril, la red eléctrica española sufrió oscilaciones que llevaron a un aumento dramático en el voltaje, provocando que muchas plantas solares se desconectaran automáticamente. Esto resultó en una serie de eventos en cadena que culminaron en un apagón total en la península ibérica.
Se identificaron varias lecciones clave, incluyendo la necesidad de tener suficientes plantas convencionales listas para proporcionar control de potencia reactiva y mejorar la coordinación entre los operadores del sistema de transmisión y distribución. Además, se están revisando las regulaciones sobre el control de voltaje para prevenir futuros incidentes.