Un estudio revela que las personas con discapacidad intelectual enfrentan barreras significativas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de colon, lo que resulta en diagnósticos tardíos y peores resultados.
Un estudio reciente realizado por la Universidad de Manchester y el Christie NHS Foundation Trust ha revelado que las personas con discapacidad intelectual tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer de colon, enfrentándose a obstáculos considerables en casi todas las etapas del proceso de atención médica. Esta investigación, que abarca a más de dos millones de personas, destaca cómo los individuos con discapacidades intelectuales tienden a ser diagnosticados en etapas avanzadas de la enfermedad, lo que limita sus opciones de tratamiento y disminuye sus probabilidades de supervivencia.
El estudio, financiado por el National Institute for Health and Care Research (NIHR) Greater Manchester Patient Safety Research Collaboration (GM PSRC), se publicó en BMC Medicine. Los hallazgos indican que las personas con discapacidad intelectual son menos propensas a recibir pruebas clave como análisis de heces o referencias urgentes, y más propensas a ser diagnosticadas en situaciones de emergencia o incluso al momento del fallecimiento.
A pesar de que las tasas de cirugía curativa son similares entre aquellos diagnosticados en etapas tempranas, la supervivencia sigue siendo significativamente peor para este grupo. Además, aquellos con cáncer colorrectal avanzado tienen menos probabilidades de recibir tratamientos sistémicos anticancerígenos, lo que podría contribuir a peores resultados generales.
El análisis también pone en evidencia múltiples oportunidades perdidas para un diagnóstico más temprano. Por ejemplo, se observa un uso menor de pruebas fecales para detectar signos tempranos del cáncer y una reducción en las referencias urgentes para sospechas cancerosas. La investigación utilizó registros anónimos de médicos generales provenientes de una base de datos amplia del Reino Unido que incluye información sobre aproximadamente 50 millones de personas.
Los investigadores advierten que los actuales programas de detección, que generalmente comienzan a los 50 años, pueden no ser suficientes para proteger a las personas con discapacidades intelectuales, dada su mayor vulnerabilidad a edades más jóvenes. También se señala que los diagnósticos realizados en emergencias pueden limitar el tiempo disponible para planificar tratamientos coordinados, contribuyendo así a tasas más bajas de supervivencia incluso cuando se ofrece cirugía.
Dr. Oliver Kennedy, autor principal del estudio y clínico en la Universidad de Manchester y The Christie, enfatiza: “Nuestros hallazgos muestran desigualdades claras y evitables en el diagnóstico y tratamiento del cáncer colorrectal para personas con discapacidad intelectual”. Por su parte, Jon Sparkes OBE, director ejecutivo de la organización benéfica Mencap, subraya la necesidad urgente de priorizar la salud inclusiva y actuar sobre estos hallazgos para mejorar el apoyo durante todo el proceso oncológico.
La historia personal trágica de Chloe Every resalta aún más estas preocupaciones. A los 27 años, Chloe fue diagnosticada con una forma avanzada de cáncer colorrectal tras haber sido ignorada durante mucho tiempo. Su familia sostiene que hubo numerosas oportunidades perdidas para investigar sus síntomas antes del diagnóstico tardío. Este caso es un claro ejemplo del impacto devastador que puede tener la falta adecuada atención médica para individuos con discapacidades intelectuales.
Las personas con discapacidad intelectual presentan factores de riesgo que pueden aumentar su probabilidad de desarrollar cáncer de colon, incluyendo estilos de vida poco saludables y dificultades para comunicar síntomas. Además, la investigación indica que son diagnosticadas en etapas más avanzadas de la enfermedad.
Estas barreras incluyen una menor probabilidad de recibir pruebas clave como análisis de heces y referencias urgentes, así como diagnósticos más frecuentes en situaciones de emergencia. Esto puede resultar en un tratamiento menos efectivo y peores resultados en comparación con la población general.
Se enfatiza la necesidad urgente de implementar programas de detección más temprana y una investigación proactiva de los síntomas. También se requiere una mejor coordinación en el tratamiento y una mayor sensibilización sobre las necesidades específicas de esta población dentro del sistema sanitario.