Investigadores da FMUP revelam que a qualidade do sono é crucial para reduzir a dor crónica, destacando a relação entre neuroinflamação e distúrbios do sono.
Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oporto (FMUP) destaca la importancia del sueño en la percepción y el tratamiento del dolor crónico. Publicado en la revista científica Biomedicines, el trabajo revela que no solo el dolor interfiere con el descanso, sino que un sueño de mala calidad puede intensificar la sensación de dolor.
Los autores, Daniel Pozza e Isaura Tavares, explican que esta relación bidireccional implica que los trastornos del sueño pueden amplificar la percepción del dolor. Identificaron que la activación de células inmunitarias en el cerebro contribuye a un ciclo vicioso donde el dolor crónico y los problemas de sueño se retroalimentan mutuamente.
El estudio también resalta el papel crucial de hormonas como el cortisol y melatonina en esta interacción. El cortisol, conocido como la “hormona del estrés”, sigue un ritmo circadiano normal; sin embargo, en situaciones de dolor crónico, este equilibrio se altera, lo que provoca niveles elevados durante la noche. Esto impide el relajamiento necesario para un buen descanso y perpetúa tanto la inflamación como los problemas de sueño.
Además, se observó que las citocinas proinflamatorias pueden perturbar los circuitos neuronales responsables del ciclo sueño-vigilia. Esta inflamación continua fragmenta el sueño y aumenta la sensibilidad al dolor, afectando negativamente tanto la cognición como el estado emocional.
Por otro lado, una mala calidad del sueño puede llevar a un aumento en los niveles de glucosa en sangre, lo cual complica aún más esta relación. La privación del sueño y el dolor crónico generan estrés biológico que incrementa la resistencia a la insulina.
Finalmente, este análisis crítico establece una conexión entre el envejecimiento prematuro, el dolor crónico y los trastornos del sueño. Los investigadores concluyen que estos factores pueden acelerar procesos asociados al envejecimiento biológico debido a un estado constante de estrés fisiológico e inflamación.
Este trabajo es fruto de las investigaciones llevadas a cabo por Daniel Pozza, Isaura Tavares y Bento Tavares, todos miembros de FMUP.
El estudio indica que no solo la presencia de dolor puede interferir con el descanso, sino que un sueño de mala calidad puede amplificar la percepción del dolor, creando un ciclo vicioso entre ambos.
Las hormonas como el cortisol y la melatonina son fundamentales en esta interacción. Un desequilibrio en los niveles de cortisol, por ejemplo, puede perpetuar la inflamación y alterar los patrones de sueño, afectando así la percepción del dolor.
La neuroinflamación, mediada por células del sistema inmunitario del cerebro, se identifica como un motor central que alimenta el ciclo vicioso entre el dolor crónico y los trastornos del sueño, alterando vías de señalización química y hormonal en el sistema nervioso central.
El estudio sugiere que proteger la calidad del sueño es fundamental para prevenir tanto el dolor crónico como el envejecimiento cerebral prematuro. Esto podría incluir tratamientos farmacológicos o cambios en el estilo de vida orientados a reducir la inflamación cerebral.