Un nuevo documental explora la conexión entre humanos y ballenas a través de la música, cuestionando si estos cetáceos pueden diferenciarla de otros sonidos y cómo afecta su comportamiento.
El documental La Baleine et le Musicien, dirigido por Valentin Paoli, se estrena el 17 de junio y explora la búsqueda humana de comunicación con especies no humanas, centrándose en las fascinantes interacciones con las ballenas. Este filme no solo plantea preguntas sobre nuestras motivaciones para establecer tales conexiones, sino que también destaca el papel de la música como medio para compartir emociones. Además, subraya la importancia de respetar a estas criaturas y su entorno marino, que ya está saturado de ruido antropogénico.
En este contexto, el reconocido compositor francés Rone reflexiona sobre cómo su música podría ser percibida por las ballenas, tras varios vídeos virales que mostraban a navegantes afirmando que estos cetáceos se sentían atraídos por sus melodías. A través de una profunda introspección, Rone comparte sus pensamientos sobre su proceso creativo y su capacidad para evocar emociones tanto en humanos como potencialmente en ballenas.
No es la primera vez que artistas realizan actuaciones musicales para estos mamíferos marinos. En 2011, el investigador David Rothenberg tocó clarinete frente a ballenas jorobadas en Hawái, registrando una sorprendente respuesta vocal de uno de los cetáceos. Otros como Paul Spong, Jim Nollman y más recientemente Aline Pénitot, han documentado reacciones similares en diferentes contextos.
Este interés por la relación entre música y cetáceos plantea interrogantes sobre si estas especies están predispuestas a apreciar la música humana o si simplemente estamos proyectando características humanas en ellas. Los cétacés son mamíferos que utilizan la comunicación acústica para diversas actividades vitales, generando sonidos intencionadamente. Investigaciones recientes han confirmado su sensibilidad auditiva y su capacidad para comunicarse mediante el sonido.
A medida que avanzamos en esta investigación, surge una pregunta crucial: ¿las ballenas responden específicamente a la música o reaccionan igualmente ante cualquier tipo de ruido? Esta cuestión es fundamental dado que los ruidos generados por actividades humanas son perjudiciales para los cetáceos y los ecosistemas marinos. Desde 2008, la Comisión Europea ha clasificado estos ruidos como contaminación acústica, instando a reducir sus niveles.
A pesar del desafío que representa definir qué constituye realmente "música", estudios sugieren que existen diferencias significativas en cómo el cerebro procesa la música en comparación con otros sonidos. Esto abre un campo interesante para futuras investigaciones sobre cómo las ballenas podrían experimentar musicalidad y si pueden diferenciarla del ruido ambiental.
Científicos de la Universidad de Padua han demostrado que la música clásica puede aumentar comportamientos sociales entre delfines cautivos. Sin embargo, estudiar a los cetáceos en libertad es más complejo debido a su movilidad y dificultad para rastrear sus comportamientos bajo el agua. Las balizas electrónicas se utilizan para seguir sus movimientos y analizar sus reacciones ante distintos sonidos.
A pesar del escaso número de estudios sobre cétaceos comparado con otras especies terrestres, donde se ha evidenciado un impacto positivo de la música en su bienestar, persiste un escepticismo sobre la capacidad musical de los animales no humanos. La etóloga Jessica Serra argumenta que esto proviene de una educación occidental que históricamente ha separado al ser humano de la naturaleza.
A medida que avanza nuestra comprensión del mundo animal, surgen nuevas perspectivas sobre nuestra relación con ellos. Investigaciones recientes sugieren que las experiencias musicales no son exclusivas del ser humano; otros seres vivos también pueden compartir respuestas emocionales similares ante estímulos musicales.
Olivier Adam, bioacústico de Sorbonne Université.
La investigación actual sugiere que las ballenas tienen la capacidad de comunicarse a través del sonido y poseen un sistema auditivo similar al humano. Sin embargo, se necesita más estudio para determinar si responden específicamente a la música o si su reacción es similar a la de otros ruidos.
Los sonidos producidos por actividades humanas en el mar son considerados nocivos para los cetáceos y pueden interferir con sus actividades vitales, incluso causando varamientos. La Comisión Europea reconoce estos ruidos como contaminación desde 2008.
Investigaciones han mostrado que la música clásica puede aumentar comportamientos sociales entre delfines cautivos, pero los estudios sobre cetáceos en su hábitat natural son más complicados debido a su movilidad y dificultad para ser monitoreados.