Karen O'Leary, supervisora del Glassware Sterilization Facility en MIT, es fundamental para el funcionamiento del departamento de Biología, destacándose por su dedicación y proactividad en la investigación.
En las primeras horas de la mañana, los pasillos del Edificio 68 de MIT se llenan de sonidos característicos: el rodar de carritos metálicos, el tintineo del vidrio, el murmullo de los grifos y el clamor de los autoclaves. No se trata del bullicio habitual de investigadores en acción, sino del esfuerzo por mantener los laboratorios esterilizados y abastecidos con todo lo necesario para la investigación: puntas de pipeta, tubos de ensayo, matraces y placas de Petri.
Al mando de esta orquesta matutina se encuentra Karen O’Leary, asociada de laboratorio y supervisora interina en la Instalación de Esterilización de Cristalería, conocida coloquialmente como “la cocina”. Gracias a su proactividad y dedicación, el equipo que dirige fue recientemente galardonado con un Premio a la Excelencia 2025 por sus contribuciones excepcionales al servicio comunitario.
“Mi objetivo es proporcionar a los científicos todo lo que necesitan para llevar a cabo su investigación”, afirma O’Leary con una confianza que ha cultivado a lo largo de sus años en el MIT. Desde su ingreso al instituto en 1987, cuando apenas sabía qué era un vaso de precipitados, ha evolucionado hasta convertirse en una figura central dentro del departamento.
A lo largo de casi cuatro décadas, O’Leary ha visto transformaciones significativas en las prácticas del departamento, incluyendo el cambio hacia métodos más seguros y eficientes para la esterilización. “Antes usábamos ácido para sumergir los equipos; ahora hemos avanzado mucho”, señala sobre las mejoras implementadas desde entonces.
Cuando Karen O’Leary comenzó su carrera en MIT, era una joven tímida que había estudiado cosmetología pero decidió explorar nuevas oportunidades. Su primer trabajo fue bajo la tutela de Thelma Watkins, quien le enseñó no solo sobre ética laboral sino también a disfrutar del trabajo diario. “Me enseñó a presentarme cada día, trabajar duro y reír”, recuerda O’Leary.
A pesar del tiempo transcurrido, O’Leary mantiene un enfoque positivo hacia sus responsabilidades. Para ella, lavar cristalería es uno de sus trabajos favoritos porque puede ver resultados tangibles al final del día. “Es gratificante saber que he completado una tarea”, comenta.
A través de su labor diaria, O’Leary ha contribuido significativamente a mejorar la gestión de residuos médicos regulados (RMW) dentro del MIT. En 2011, participó en la implementación de un nuevo sistema que ahora es utilizado por todos los departamentos que generan RMW, destacando su compromiso con prácticas sostenibles.
Crecida en Weymouth, Massachusetts, O’Leary proviene de una familia vinculada al MIT; su padre trabajaba allí como supervisor. Esta conexión familiar ha influido profundamente en su percepción laboral. “He tenido un gran equilibrio entre trabajo y familia aquí”, dice refiriéndose a la flexibilidad que le permite atender las citas médicas familiares sin complicaciones.
A lo largo de los años, ha cultivado relaciones cercanas con colegas que considera parte de su familia elegida. Disfruta caminatas junto al río Charles durante sus pausas laborales y aprecia el apoyo comunitario que ha encontrado en el entorno laboral. “No me gusta quedarme sentada; siempre busco mantenerme activa”, añade O’Leary mientras reflexiona sobre su futuro y cómo espera seguir involucrándose con niños del vecindario tras su jubilación.
“Debo mucho al MIT”, concluye O’Leary. “He podido trabajar arduamente y sentirme valorada mientras cuido mi familia.” Su dedicación no pasa desapercibida; como señala Cesar Duarte, gerente de instalaciones y operaciones: “Es un eufemismo decir que Biología tiene suerte de contar con ella”. La energía desbordante y atención al detalle que aporta son invaluables para toda la comunidad investigadora.
Karen O’Leary es asociada de laboratorio y supervisora interina en la Instalación de Esterilización de Cristalería, conocida como "la cocina". Su trabajo es fundamental para mantener los laboratorios esterilizados y abastecidos con materiales necesarios para la investigación.
El equipo de la cocina fue reconocido con un Premio a la Excelencia en 2025 por sus contribuciones excepcionales al servicio de la comunidad del MIT, gracias en parte a la proactividad y dedicación de O’Leary.
A lo largo de casi 40 años, O’Leary ha visto mejoras significativas en seguridad y eficiencia, incluyendo la eliminación de prácticas antiguas como sumergir equipos en ácido para su esterilización, adoptando métodos más seguros y efectivos.
O’Leary valora mucho el equilibrio entre su trabajo y su vida familiar, destacando que su empleo en el MIT le ha permitido tener flexibilidad para atender las necesidades familiares mientras se siente apreciada y satisfecha con su trabajo.