Investigadora Rachel Sava analiza los beneficios y riesgos de la neurotecnología, advirtiendo sobre su potencial uso como herramienta de vigilancia a medida que avanza hacia el mercado.
Con la llegada de tecnologías médicas avanzadas al mercado de consumo, surge la necesidad de establecer límites claros en su uso. Lo que en un principio podría ser un implante neural diseñado para facilitar la comunicación, tiene el potencial de convertirse en un dispositivo que vigile los pensamientos más íntimos de las personas.
Rachel Sava, estudiante de doctorado en el Programa de Ciencias y Tecnología de la Salud Harvard-MIT, ha profundizado en los amplios beneficios y riesgos asociados con los implantes neurales. Su trabajo, titulado “Superintelligence, Superintimate”, fue reconocido con el Envisioning the Future of Computing Prize. En su investigación, Sava advierte sobre cómo estos dispositivos médicos transformadores podrían convertirse en herramientas de vigilancia utilizadas por corporaciones y gobiernos.
La inspiración para su proyecto provino de una pasantía en IBM, donde colaboró con el PACE Center en Londres. Durante esta experiencia, trabajó bajo la tutela de Kevin Brown, quien diseñó uno de los primeros decodificadores cerebrales. Este sistema EEG fue creado para ayudar a un colega que había sufrido un accidente cerebrovascular que lo dejó con síndrome de "cuerpo atrapado". “Fue esta población de pacientes, que experimentan un desajuste entre cuerpo y mente, lo que motivó mi interés por las neuroprótesis hace seis años”, explica Sava.
Sava señala que estamos ante un “momento crucial” en el campo de la neurotecnología. Cita ejemplos preocupantes como empresas que utilizan implantes neurales para monitorear la productividad mental o autoridades que controlan a la población por “delitos de pensamiento”. A medida que estas tecnologías se introducen en el mercado, existe un temor real a que lo que comienza como un dispositivo médico revolucionario pueda derivar en usos distópicos. Esta dualidad resalta la importancia urgente de establecer regulaciones adecuadas antes de que sea demasiado tarde.
Rachel Sava advierte que, aunque las tecnologías neurotecnológicas pueden ofrecer beneficios significativos, también existe el riesgo de que se utilicen para la vigilancia y el control social, transformando dispositivos médicos en herramientas para monitorear pensamientos y comportamientos.
Sava fue inspirada por su experiencia en una pasantía en IBM, donde trabajó en un proyecto relacionado con la decodificación cerebral. La historia de un paciente con síndrome de "locked-in" motivó su interés en cómo las neuroprótesis pueden ayudar a aquellos cuyas capacidades físicas están comprometidas.
Sava sugiere que es crucial establecer guardrails o regulaciones que aseguren que las tecnologías neurotecnológicas se utilicen de manera ética y responsable, evitando su uso como herramientas de control por parte de corporaciones o gobiernos.