La relación entre la NATO y la Unión Europea enfrenta desafíos tras la invasión rusa de Ucrania, destacando la dependencia europea en defensa y la necesidad de una cooperación más efectiva.
La guerra en Ucrania y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca han transformado el panorama de la relación entre la NATO y la Unión Europea. A pesar de esto, la dependencia de la UE respecto a la Alianza Atlántica sigue siendo considerable debido a las notables deficiencias en las capacidades de seguridad de los países europeos. Esta situación ha sido analizada por Nicolò Fasola y Sonia Lucarelli, investigadores del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Bolonia, en un estudio publicado en el libro «The War in Ukraine, NATO, and European Defence».
Según Lucarelli, los estados europeos deben dotarse de capacidades autónomas de defensa y disuasión; sin embargo, esto se ve obstaculizado por la opinión pública, limitaciones presupuestarias y una falta de inmediatez. La investigadora sugiere que es esencial mostrar creatividad institucional para repensar la arquitectura de seguridad europea, combinando intereses y capacidades políticas entre aquellos países dispuestos a contribuir efectivamente a la defensa del continente.
A raíz del conflicto en Ucrania, tanto NATO como la UE han logrado establecer sinergias para apoyar la soberanía ucraniana y garantizar la seguridad europea. Mientras que NATO ha asumido un papel crucial en la defensa colectiva, especialmente en el flanco oriental, la UE ha implementado sanciones económicas contra Rusia y ha desarrollado mecanismos financieros para respaldar las instituciones ucranianas.
No obstante, esta colaboración se ha visto amenazada por el enfoque «America First» del nuevo gobierno estadounidense. Además de exigir un aumento significativo en las contribuciones a NATO por parte de sus aliados, la administración Trump ha mostrado desinterés hacia una resolución justa del conflicto ucraniano. Este cambio estratégico implica un posible desinterés estadounidense hacia Europa, con una reubicación de recursos militares hacia otras regiones como el Medio Oriente y el Indo-Pacífico para hacer frente a lo que consideran una amenaza estratégica proveniente de China.
Como resultado, los países europeos han comenzado a discutir sobre formaciones ad hoc para asegurar tanto Ucrania como Europa y han iniciado nuevas medidas financieras a nivel europeo para apoyar el rearme. Sin embargo, existen aún fuertes restricciones sobre lo que los países europeos pueden hacer para garantizar su propia seguridad, ya sea junto a NATO o independientemente.
A medida que se desarrolla el plan ReArm Europe (actualmente denominado Readiness 2030), los resultados esperados son aún lejanos. Hasta entonces, la Unión Europea continuará dependiendo de NATO para mantener su capacidad de seguridad. Según Lucarelli, se requerirán varios años para cerrar las brechas existentes en las capacidades defensivas europeas. Además, gran parte de la opinión pública muestra reticencias hacia inversiones significativas en defensa que podrían afectar otros ámbitos sociales.
Por último, se ha evidenciado que establecer un sistema europeo efectivo para adquisiciones es complicado; por lo tanto, es probable que los países miembros sigan adquiriendo sistemas defensivos a proveedores no europeos, principalmente estadounidenses.
El análisis realizado por Nicolò Fasola y Sonia Lucarelli , titulado “The NATO–EU Partnership between Inertia and Disruption”, forma parte del volumen “The War in Ukraine, NATO, and European Defence” (Routledge, 2026).
La cooperación se ve obstaculizada por la dependencia de la UE en las capacidades de defensa de la NATO, así como por diferencias en las actitudes de los gobiernos europeos hacia la administración estadounidense y el desinterés mostrado por esta respecto a una resolución del conflicto ucraniano.
Este enfoque ha llevado a un aumento en las demandas de contribuciones financieras por parte de los aliados y ha generado preocupaciones sobre el posible desinterés de Estados Unidos en mantener su compromiso con la seguridad europea, lo que podría afectar negativamente la credibilidad tanto de la NATO como de la UE.
La UE ha implementado el plan ReArm Europe (ahora Readiness 2030) con el objetivo de crear una defensa europea cohesiva y eficiente, aunque sus resultados aún están lejos de materializarse. Se están discutiendo nuevas medidas financieras para apoyar el rearmamento de los países miembros.
Aparte de las diferencias políticas entre los estados miembros, hay una resistencia pública significativa a aumentar los gastos en defensa, lo que limita las inversiones necesarias para mejorar las capacidades militares europeas. Además, existe dificultad para establecer un sistema europeo eficaz de adquisiciones militares.