El 90% del suelo podría degradarse para 2050. Investigadores de la Universidad de Pisa proponen soluciones tecnológicas innovadoras para conservar y recuperar suelos, asegurando la seguridad alimentaria.
El **suelo**, un recurso no renovable, enfrenta una grave amenaza: hasta el **90% de los terrenos del planeta** podrían estar degradados para el año 2050. Esta alarmante situación es resultado de prácticas agrícolas intensivas, explotación excesiva y presiones ambientales. Ante este panorama, surge el estudio titulado SoilTech innovations for sustainable soil and food security, publicado en la prestigiosa revista **Nature Reviews Bioengineering**. Este trabajo cuenta con la participación de dos destacados académicos de la **Universidad de Pisa**: el investigador **Samuele Risoli**, quien figura como primer autor, y el profesor emérito **Giacomo Lorenzini**, ambos pertenecientes al Departamento de Ciencias Agrarias, Alimentarias y Agroambientales.
La investigación presenta un análisis exhaustivo de las soluciones tecnológicas más avanzadas para enfrentar esta crisis global, identificando tres áreas clave de intervención: la conservación de suelos aún saludables, el mejoramiento de su productividad y el recupero de terrenos degradados. En este contexto, se destacan las denominadas **SoilTech**, un conjunto de tecnologías que integran bioingeniería, herramientas digitales, agricultura de precisión y enfoques biológicos basados en el microbioma del suelo.
Entre las innovaciones mencionadas se encuentran desde el uso de fertilizantes orgánicos y basados en bioproductos hasta sistemas de monitoreo que combinan datos ambientales, sensores e inteligencia artificial. También se abordan técnicas de biorremediación que utilizan microorganismos y plantas para disminuir la contaminación del suelo. La revisión demuestra cómo la innovación puede ir de la mano con la sostenibilidad. El objetivo es claro: mantener las superficies agrícolas productivas sin comprometer su salud a largo plazo, contribuyendo así a la seguridad alimentaria en un contexto marcado por cambios climáticos e inestabilidad geopolítica.
“La crisis del suelo es a menudo menos visible que otras emergencias medioambientales, pero tiene consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria, el clima y los ecosistemas”, señala Risoli. “Integrar conocimientos científicos sobre tecnologías para proteger el suelo proporciona herramientas concretas para abordar uno de los grandes desafíos globales en las próximas décadas. No hay una solución única; se requiere un enfoque integrado”. Las SoilTech ilustran cómo es posible combinar innovación tecnológica, biología y gestión sostenible para proteger, mejorar y restaurar los suelos.
Risoli enfatiza también que es esencial que la investigación trascienda la publicación científica y se traduzca en aplicaciones reales mediante colaboración con empresas. Sin un diálogo continuo con el sector productivo, muchas innovaciones podrían quedar limitadas a los laboratorios. En este sentido, destaca la importancia del trabajo conjunto con **Cereal Docks** y **Grey Silo Ventures**, agradeciendo su apoyo y visión compartida. Estos ejemplos son representativos de cómo universidades y empresas pueden colaborar eficazmente para desarrollar soluciones verdaderamente sostenibles y con alto impacto.