Investigadoras de la EHU proponen medidas para prevenir el vertido de gránulos de plástico al mar, identificando parámetros de control y estrategias de contención que podrían incorporarse fácilmente a la normativa.
La problemática de los pequeños gránulos de plástico en las playas de Donostia y Orio ha puesto de relieve una fuente de contaminación que ha sido poco explorada: las fugas de microplásticos industriales que llegan al mar a través de las redes de aguas pluviales. Un equipo de investigadoras del Grupo Materiales + Tecnologías de la Universidad del País Vasco (EHU) ha identificado dos parámetros clave para detectar estas pérdidas tempranamente, además de proponer medidas que podrían integrarse fácilmente en la normativa sobre vertidos.
Cada año, aproximadamente 1,7 millones de toneladas de plástico terminan en los ecosistemas marinos en forma de residuos. La lenta degradación natural del plástico provoca su acumulación en mares y océanos, generando consecuencias a largo plazo que aún no se comprenden completamente. Los microplásticos, definidos como partículas menores a 5 mm, han suscitado gran preocupación debido a su omnipresencia y su capacidad para ingresar en la cadena alimentaria. El Grupo Materiales + Tecnologías (GMT) se ha centrado especialmente en los microplásticos provenientes del ámbito industrial.
En el contexto del proyecto ItsasMikro, respaldado por el Departamento de Sostenibilidad de la Diputación Foral de Gipuzkoa, el grupo ha documentado durante dos años una notable presencia de pellets plásticos en las playas mencionadas. Estos pellets son pequeñas partículas utilizadas como materia prima en la fabricación de productos plásticos y pueden llegar al mar debido a fugas o derrames industriales. Según la Dra. Amaia Mendoza, investigadora y profesora del grupo, “el problema radica en el caudal del agua lluvia que barre el pavimento industrial, donde ocurre gran parte de estas pérdidas”.
Mendoza agrega que hasta ahora se ha prestado atención principalmente al origen marino de los microplásticos, como aquellos derivados de redes pesqueras o la fragmentación de objetos plásticos mal gestionados. Sin embargo, existe un desconocimiento significativo sobre cómo las industrias contribuyen a esta contaminación, especialmente a través del uso de plásticos como materia prima o materiales para aislamiento térmico.
El equipo del GMT ha identificado dos parámetros estándar que pueden servir como señal temprana ante posibles fugas: “Los sólidos en suspensión y los sólidos en suspensión volátiles pueden alertar sobre la presencia no solo de pellets sino también otros microplásticos industriales”, explica Mendoza.
A finales del 2025, la Comisión Europea aprobó un reglamento inicial para controlar este tipo de contaminación por pellets, obligando a las empresas manipuladoras más grandes a implementar medidas preventivas. No obstante, Mendoza advierte que aunque es un avance importante, carece aún de parámetros analíticos estandarizados internacionalmente y no contempla otros tipos de microplásticos industriales.
A partir de lo anterior, los investigadores sugieren que los parámetros identificados podrían ser incorporados fácilmente en las autorizaciones para vertidos industriales. Si un análisis inicial detectara niveles superiores a los estándares establecidos en aguas pluviales, sería necesario realizar una segunda evaluación para confirmar la presencia real de pellets.
Además, el Grupo Materiales + Tecnologías propone varias medidas prácticas para contener estas fugas. Entre ellas se destaca el uso de depósitos subterráneos adaptados: “Al igual que se utilizan tanques subterráneos para contener hidrocarburos, las industrias emisoras potenciales podrían implementar sistemas similares para separar los microplásticos mediante flotación”, indica Mendoza.
Mendoza enfatiza que estas son “herramientas tangibles” que pueden ayudar a mitigar un problema significativo. “Son medidas ya contempladas en normativas existentes y pueden ser implementadas sin dificultad ni alto costo por parte de las industrias”, asegura. Además, resalta que esta estrategia puede extenderse a otros tipos de microplásticos industriales generados por sectores como el textil o cosmético.
Este estudio fue realizado por Amaia Mendoza Larrañaga junto con Cristina Peña Rodríguez, ambos del GMT Grupo Materiales y Tecnologías, así como Ander García Noblia, perteneciente a la Facultad de Economía y Empresa. La investigación contó con financiación del Departamento de Sostenibilidad y colaboración con URA (Agencia Vasca del Agua), Azti y Agrupa laboratorios.
Amaia Mendoza también es docente en los grados relacionados con Ingeniería Industrial e Ingeniería Civil y participa activamente en el Máster en Ingeniería de Infraestructuras y Construcción Sostenibles.