Un estudio de la Universitat de Lleida advierte que aumentar las zonas protegidas podría concentrar el 44,5% de los incendios globales, sugiriendo nuevas estrategias de gestión para mitigar su impacto.
Aumentar las zonas protegidas podría concentrar el 44,5% de los incendios a nivel global. Esta es la advertencia que surge de una investigación liderada por la Universitat de Lleida (UdL), que aboga por la implementación de nuevas estrategias de gestión del territorio para aplicar con éxito el Marc de la Biodiversitat de Kunming-Mont-real. El estudio, publicado en la revista Fire, cuenta con la colaboración de universidades como las de Melbourne (Australia) y California Davis (Estados Unidos), así como la Acadèmia Xinesa de Ciències.
Una investigación adicional realizada por la UdL, publicada en el Journal of Environmental Management, indica que los diferentes niveles de protección impactan significativamente en el régimen de incendios. Los bosques más vulnerables son los mediterráneos, los templados de hoja ancha y mixtos, así como los tropicales de coníferas. Este trabajo también involucra a expertos de instituciones académicas como las universidades de Saragossa, Còrdova, Torino (Italia), Montpellier (Francia), California-Berkeley (Estados Unidos) y Florida (Estados Unidos).
El catedrático de Ingeniería Forestal y Cambio Global en la UdL, Víctor Resco de Dios, señala que actualmente las áreas protegidas abarcan el 19,2% de los ecosistemas terrestres pero concentran el 28,5% del área quemada total. Según él, “esta desproporción ha aumentado en los últimos 25 años, especialmente en áreas muy inflamables como las mediterráneas”. Además, advierte que el objetivo de proteger el 30% de la naturaleza para 2030, movilizando 200.000 millones de dólares anuales, podría agravar aún más este desequilibrio.
La investigación estima que durante el siglo XXI, los incendios forestales han devastado 2.000 millones de hectáreas dentro de áreas protegidas, lo que equivale a una superficie comparable a Rusia e India juntas. Estos fuegos han mostrado un incremento significativo entre 2001 y 2024, afectando desproporcionadamente a biomas propensos al fuego como los bosques mediterráneos y tropicales secos. En este contexto, se observa que el porcentaje medio de incendios en áreas protegidas durante este periodo fue notablemente superior a la cobertura del mismo espacio en la región mediterránea (+12,5%) y en el trópico seco (+7,4%).
Ciertas zonas han sido afectadas por múltiples incendios. Por ejemplo, en las praderas tropicales y subtropicales —principalmente en África— aunque las áreas protegidas solo ocupan 324 millones de hectáreas (Mha), se han registrado incendios que han calcinado hasta 1.600 Mha en estos espacios durante los últimos dos décadas. “Los incendios forestales son cruciales para la salud de muchos ecosistemas, pero también representan un peligro para vidas humanas e infraestructuras”, recuerda Resco.
En medio del esfuerzo global por ampliar las zonas protegidas, sus resultados subrayan la urgencia por implementar nuevas estrategias que aborden los crecientes impactos del área quemada bajo una creciente emergencia climática. “Por lo tanto, instamos a que la gestión de estas zonas incluya planes activos para prevenir incendios”, concluye.
Otra investigación llevada a cabo por los profesores de la UdL Adrià Cardil y Sergio de Miguel, analizó datos sobre 20 millones de incendios ocurridos alrededor del mundo durante un periodo similar. En este estudio se evaluó cómo las áreas protegidas influyen en atributos del régimen incendiario como superficie quemada, frecuencia y características del comportamiento del fuego —incluyendo tamaño, duración y tasa de propagación e intensidad— abarcando doce tipos diferentes de biomas.
A pesar que en muchas áreas protegidas se observa una menor proporción de superficie quemada comparado con su propia zona circundante —lo cual indica una menor afectación por incendios— hay excepciones notables: las praderas tropicales y ciertos bosques tropicales secos presentan una mayor fracción quemada dentro estas áreas protegidas.
"La restricción parcial o total sobre prácticas agrícolas y forestales puede llevar a una acumulación excesiva de combustible y aumentar la conectividad paisajística", explican los investigadores. Esto incrementaría la severidad del fuego en ecosistemas propensos al incendio como el mediterráneo. "Nuestra investigación muestra que las zonas protegidas intensifican todos los atributos del régimen incendiario en África", añaden. También se hallaron patrones similares en Australia donde se observó un aumento en tamaño y duración del fuego especialmente en zonas arboladas debido a esta acumulación biomasa.