La comunidad internacional de micología propone un plan global para combatir la resistencia antifúngica, destacando la necesidad de concienciación, vigilancia y colaboración multidisciplinaria en salud pública.
Las resistencias antimicrobianas se han convertido en un desafío crítico para la salud pública, afectando la eficacia de los tratamientos contra diversas enfermedades causadas por virus, bacterias y hongos. En particular, las infecciones fúngicas enfrentan una notable falta de visibilidad y apoyo global. Por este motivo, la comunidad científica dedicada a la micología ha intensificado sus esfuerzos para crear conciencia sobre esta problemática.
Recientemente, más de 50 investigadores de dieciséis organizaciones internacionales han firmado un llamamiento en la revista Nature Medicine, donde se destaca la urgencia de abordar la resistencia antifúngica. Entre los firmantes figura Ana Alastruey, investigadora del ISCIII en el Laboratorio de Referencia e Investigación en Micología del Centro Nacional de Microbiología (CNM).
Este manifiesto propone un plan de acción que se fundamenta en cinco pilares esenciales: concienciación y formación, vigilancia, prevención y control de infecciones, uso optimizado de antifúngicos e inversión en diagnóstico e innovación terapéutica. Su objetivo es implementar medidas coordinadas a nivel global para proteger a las personas más vulnerables frente a estas infecciones.
La creciente resistencia a los antifúngicos plantea serios riesgos para pacientes con sistemas inmunitarios comprometidos. Aunque en individuos sanos las consecuencias suelen ser leves, aquellos con condiciones subyacentes pueden enfrentar infecciones graves e incluso mortales. Entre las especies preocupantes se encuentran Trichophyton indotineae, que causa infecciones cutáneas complicadas, y Candidozyma auris, responsable de infecciones sanguíneas letales en entornos hospitalarios.
La resistencia a los antifúngicos no solo surge en hospitales; su origen está estrechamente relacionado con el medio ambiente. La utilización de fungicidas en agricultura, que son similares a los antifúngicos médicos, contribuye al desarrollo de cepas resistentes. Esto resalta la necesidad de adoptar un enfoque integral conocido como One Health, que considera la interrelación entre la salud humana, animal y ambiental.
Para salvaguardar tanto la seguridad alimentaria como la efectividad de los tratamientos contra infecciones fúngicas, los autores del manifiesto enfatizan la importancia de establecer colaboraciones multidisciplinarias que involucren científicos, profesionales sanitarios y responsables políticos.
A medida que avanzamos hacia una actualización del Plan Global de Acción frente a la Resistencia Antimicrobiana por parte de la OMS en 2026, este llamado a la acción cobra especial relevancia para aumentar el enfoque científico y social sobre las infecciones fúngicas.
Las resistencias antifúngicas son un problema creciente que afecta la eficacia de los tratamientos para infecciones causadas por hongos, especialmente en pacientes con sistemas inmunitarios debilitados. Esto puede llevar a infecciones graves y potencialmente mortales.
El plan se basa en cinco pilares: concienciación y formación, vigilancia, prevención y control de infecciones, uso optimizado de antifúngicos e inversión en diagnóstico e innovación terapéutica. Su objetivo es impulsar medidas coordinadas a nivel global para frenar la resistencia a los antifúngicos.
La resistencia a los antifúngicos se desarrolla no solo en hospitales, sino también en el medio ambiente. Un enfoque One Health integra la salud humana, animal y ambiental, lo cual es crucial para abordar este problema de manera efectiva.