Estudiantes de Ingeniería en Electrónica Industrial experimentan con un robot educativo en clase, aplicando la teoría de programación a situaciones prácticas y motivadoras. La actividad resalta la conexión entre teoría y práctica.
Un robot educativo entra en clase en la ESI para experimentar con la informática
Los estudiantes de Ingeniería en Electrónica Industrial han tenido la oportunidad de comprobar cómo la programación puede transformar ideas en movimiento. Justo antes de las fiestas navideñas, un robot hizo su aparición en la Escuela Superior de Ingeniería (ESI) de la Universidad de Cádiz, durante la asignatura Fundamentos de Informática, impartida por el profesor José María Rodríguez.
El objetivo del docente fue claro: acercar a los alumnos a una aplicación práctica de los conceptos teóricos que estudian. “He querido que conocieran de primera mano una utilidad práctica de lo que enseñamos en teoría”, afirmó Rodríguez. Durante esta sesión, los estudiantes pudieron observar cómo los programas que aprenden se traducen en acciones concretas, como el movimiento, el control remoto y la detección de obstáculos, todo ello gracias a un robot educativo.
El robot, que opera mediante una placa Arduino Uno, fue programado utilizando un lenguaje similar al que se utiliza en las clases. Este dispositivo puede ser controlado desde un teléfono móvil a través de Bluetooth o mediante un mando infrarrojo. Además, está equipado con sensores que le permiten seguir el haz de luz emitido por una linterna y detectar obstáculos gracias a su sensor ultrasónico, lo que le permite sortearlos de manera autónoma.
Más allá del aspecto técnico, esta actividad tenía como propósito motivar a los futuros ingenieros y demostrarles que la programación es más que un concepto teórico; es una herramienta con aplicaciones prácticas en el mundo real. “La experiencia ha resultado tan atractiva que los alumnos propusieron fotografiarse con el robot al finalizar la demostración, lo cual refleja su entusiasmo y participación”, destacó José María Rodríguez.
Para el profesor Rodríguez, esta iniciativa también tiene un valor significativo: visibilizar el trabajo docente que frecuentemente permanece oculto. Actividades como esta, que combinan teoría, práctica y curiosidad, demuestran que la enseñanza de la informática puede ser tanto dinámica como inspiradora. Esto refuerza la formación de ingenieros capacitados para enfrentar los desafíos tecnológicos del siglo XXI.
En resumen, este tipo de experiencias educativas no solo enriquecen el aprendizaje académico, sino que también fomentan un interés genuino por parte de los estudiantes hacia disciplinas técnicas esenciales para su futuro profesional.