Un estudio de la Universidad de Manchester revela que una mayor exposición a la luz diurna mejora el rendimiento cognitivo, aumentando la atención y la velocidad de reacción en condiciones luminosas.
Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Manchester ha revelado que una mayor exposición a la luz diurna puede mejorar significativamente el rendimiento cognitivo. Este trabajo, publicado en la revista Communications Psychology y financiado por el Wellcome Trust, representa la primera investigación de este tipo en un entorno real.
Los hallazgos indican que no solo la exposición reciente a la luz brillante, sino también patrones estables de luz a lo largo de una semana pueden influir positivamente en diferentes aspectos de la cognición. Los participantes del estudio mostraron mejoras en su nivel subjetivo de somnolencia, así como en su capacidad para mantener la atención y en sus tiempos de reacción, que fueron entre un 7 y un 10% más rápidos bajo condiciones de luz brillante en comparación con ambientes más oscuros.
El análisis también destacó diferencias significativas entre aquellos que se acostaban más temprano y sus compañeros que tenían horarios nocturnos. Los primeros tendían a estar más alerta durante las mañanas soleadas y a sentirse más cansados bajo luces tenues por la noche. Según el Dr. Altug Didikoglu, autor principal del estudio, “nuestros hallazgos demuestran que fuera de las condiciones controladas del laboratorio, donde los participantes mantienen sus rutinas diarias, tanto la exposición reciente como la prolongada a la luz tiene un impacto positivo en el rendimiento cognitivo”.
El estudio sugiere que estos beneficios están asociados con patrones de exposición a la luz caracterizados por días más brillantes, horarios de sueño regulares y una mayor consistencia en la iluminación. “Estas mejoras podrían tener implicaciones prácticas para la salud, seguridad y eficiencia laboral”, añadió Didikoglu, especialmente en entornos laborales con poca luz o durante turnos nocturnos.
La investigación también encontró que estar expuesto a luz diurna brillante se relacionaba con una atención sostenida durante tareas visuales específicas. Además, menos cambios entre ambientes luminosos y oscuros estaban vinculados con un mejor desempeño cognitivo. Aunque ni el momento del día ni el tiempo despierto parecieron afectar significativamente el rendimiento cognitivo, el efecto de la luz fue considerablemente más fuerte.
Los científicos sugieren que estos efectos son probablemente iniciados por la activación del sistema ipRGC (células ganglionares retinianas intrínsecamente fotosensibles) en la retina, que convierte la luz en señales visuales. Estas células son particularmente sensibles a la luz azul-verde y desempeñan funciones cruciales como regular los ritmos circadianos y el estado de ánimo.
Para medir los efectos de la exposición personal a la luz, se realizó un seguimiento a 58 adultos durante siete días. Los participantes usaron un monitor especial de exposición a la luz diurna en sus muñecas, lo cual permitió evaluar cómo esta variable influía en su reloj biológico interno.
Además, se desarrolló una aplicación llamada Brightertime para recopilar datos sobre el rendimiento cognitivo humano en relación con su exposición diaria a la luz. Cuarenta y uno de los participantes asistieron también a sesiones en laboratorio para investigar cómo reaccionaban sus pupilas ante diferentes niveles lumínicos.
El Dr. Didikoglu concluyó: “La luz es una señal ambiental fundamental que regula numerosos procesos biológicos en humanos”. A pesar de los avances obtenidos mediante estudios controlados, aún queda mucho por descubrir sobre cómo estas dinámicas afectan nuestras vidas cotidianas.