Katharina Timper investiga las bases neurobiológicas de la obesidad, enfatizando su naturaleza crónica y complejidad. Aboga por un enfoque integral en el tratamiento y contra la estigmatización de los afectados.
Katharina Timper, reconocida endocrinóloga y profesora de Medicina Clínica de la Nutrición, investiga los fundamentos neurobiológicos del sobrepeso y la obesidad. En una reciente entrega del programa NewIn, Timper enfatiza la importancia de abordar esta enfermedad desde una perspectiva integral, buscando no solo entenderla, sino también combatir la estigmatización que enfrentan quienes la padecen.
La obesidad ha alcanzado niveles epidémicos en las últimas décadas, afectando a aproximadamente una mil millones de personas a nivel mundial. Timper aclara que **“la obesidad no es un problema meramente estético”**, sino una condición crónica influenciada por múltiples factores, incluyendo causas genéticas, epigenéticas y ambientales. La regulación errónea en el cerebro es frecuentemente responsable de esta problemática.
Desde hace más de diez años, Timper se dedica a investigar las consecuencias de esta enfermedad y a luchar contra su estigmatización. **“Muchos creen erróneamente que nuestro comportamiento alimentario está controlado principalmente por nuestra voluntad”**, señala. Este mito contribuye a la percepción equivocada de que la obesidad es consecuencia de un fallo personal. La investigadora sostiene que **“son cambios biológicos complejos en el cerebro los que llevan a una regulación inadecuada del hambre y la saciedad, lo que resulta en el sobreconsumo”**.
Desde 2025, Timper ocupa el cargo de profesora en la TUM (Universidad Técnica de Múnich) y es directora médica del Instituto de Medicina Clínica de la Nutrición. Su investigación se centra en comprender mejor las causas biológicas de la obesidad y los trastornos alimentarios desde el ámbito cerebral, donde grupos específicos de neuronas regulan el hambre y la saciedad.
Timper enfatiza que **“la obesidad debe abordarse como una enfermedad originada en el cerebro”,** lo cual requiere un enfoque biológico para ayudar a los afectados. Esto implica un tratamiento integral y multimodal, que incluya asesoría nutricional y programas de ejercicio físico. Las intervenciones médicas y quirúrgicas actuales permiten tratar eficazmente la obesidad y prevenir o manejar enfermedades secundarias.
A través del tratamiento adecuado, se producen cambios biológicos en el cerebro que reducen el hambre, aumentan la sensación de saciedad y fomentan elecciones alimentarias más equilibradas. En el campus TUM ubicado en el Parque Olímpico, Timper está estableciendo una clínica dedicada a pacientes con obesidad y trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa.
En colaboración con sus equipos en TUM y Helmholtz Munich, Timper investiga cómo funcionan las neuronas cerebrales y su influencia sobre el metabolismo en relación con la alimentación. Un área clave es el estudio de sustancias volátiles —como fragancias— que se inhalan y pueden afectar las sensaciones de hambre y saciedad. El objetivo es identificar moléculas aromáticas con efectos moduladores sobre el metabolismo para su desarrollo futuro.
Además, busca utilizar los compuestos volátiles exhalados por los individuos para diagnosticar procesos metabólicos. Esto podría permitir obtener información sobre el metabolismo sin invasiones físicas y en tiempo real, facilitando tratamientos personalizados e incluso nuevos enfoques terapéuticos.
Timper destaca las excelentes condiciones de investigación, las oportunidades colaborativas y el ambiente colegiado en Múnich como factores clave para su trabajo. Su ambición es convertir este centro junto con sus colegas en uno de los más grandes centros europeos dedicados a investigar y tratar enfermedades metabólicas.
A medida que avanza su investigación, Timper está convencida de que comprender mejor estas enfermedades permitirá combatir eficazmente la profunda estigmatización hacia quienes las padecen. **“Si entendemos qué ocurre realmente con estas condiciones, entonces no habrá espacio para la estigmatización”**, concluye.