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Desmitificando la neutralidad en la ciencia y el género

Ciencia género

José Enrique González | Viernes 06 de marzo de 2026

La investigación académica y científica, a menudo considerada neutral, está influenciada por dinámicas de género que afectan tanto las carreras como la producción del conocimiento. Laura Verquere analiza estas desigualdades y propone soluciones.



El ámbito académico y científico se presenta a menudo como un espacio marcado por la neutralidad y la objetividad. Sin embargo, este entorno también está influenciado por relaciones de poder y dinámicas de género que afectan tanto las trayectorias profesionales como la producción del conocimiento.

Análisis de Laura Verquere sobre la desigualdad en la ciencia

Laura Verquere, investigadora en ciencias de la información y la comunicación, examina cómo las desigualdades entre hombres y mujeres han permeado el ámbito de la investigación, así como los mecanismos que podrían contribuir a su reducción. Según ella, es posible observar las relaciones de género desde el prisma de la representatividad. A pesar de que existen disciplinas con una alta presencia femenina, como la literatura o las ciencias de la comunicación, esta representación cambia drásticamente al considerar los cargos de responsabilidad. A medida que se asciende en la jerarquía académica, se intensifica la presencia masculina en posiciones clave como direcciones de laboratorios o escuelas doctorales.

Esta situación tiene consecuencias significativas en la producción del conocimiento. La predominancia masculina afecta qué temas son considerados relevantes y cuáles son desestimados. Las decisiones metodológicas también están influenciadas por esta dinámica. Por ejemplo, en el estudio histórico de las paternidades, tradicionalmente se ha enfatizado al padre como figura autoritaria, dejando de lado fuentes más cotidianas que muestran a los padres involucrados en el ámbito doméstico.

La construcción histórica de la racionalidad científica

Verquere señala que desde la Renacimiento, el concepto de racionalidad ha estado intrínsecamente ligado a una visión binaria del mundo: hombre/mujer, razón/emoción, naturaleza/cultura. Estas dicotomías no solo están presentes; además, están jerárquicamente organizadas, otorgando mayor valor a lo masculino sobre lo femenino. Aunque no se formuló explícitamente como un concepto masculino, la racionalidad científica emergió dentro de un marco cultural que relegaba lo femenino a un segundo plano.

A raíz de esto, surge una pregunta crucial: ¿de dónde provienen los mecanismos que excluyen a ciertos grupos del acceso al conocimiento? Verquere responde que estos mecanismos tienen raíces históricas donde la legitimidad científica ha estado ligada a factores políticos y sociales. Las mujeres han sido marginadas tanto del ámbito académico como del ejercicio pleno de ciudadanía. Esta exclusión no solo ha sido formal; el discurso científico frecuentemente se presenta bajo una apariencia impersonal que da una falsa impresión de universalidad y neutralidad.

Las ciencias humanas y su papel crítico

Las ciencias humanas y sociales tienen un rol fundamental al cuestionar normas establecidas y visibilizar las estructuras subyacentes que perpetúan desigualdades. Estas disciplinas permiten una reflexión crítica sobre cómo funcionan las instituciones y los poderes que operan dentro de ellas. Este enfoque crítico puede ser parte del motivo por el cual estas áreas son consideradas subalternas frente a las ciencias “duras”, ya que desafiar el sistema establecido no siempre se traduce en productividad económica.

Además, aportan un elemento esencial: la reflexividad. Esta característica obliga a explicitar los métodos utilizados y las posiciones desde las cuales se habla. Reconocer que todo conocimiento es situado permite entender que ninguna disciplina puede abarcar por sí sola toda la realidad.

Permanencia de desigualdades en el ámbito académico actual

A pesar del aumento en la presencia femenina en el ámbito universitario, persisten numerosas desigualdades. El entorno académico refleja lógicas similares a otras profesiones donde las responsabilidades domésticas influyen directamente en el desempeño profesional. La maternidad sigue siendo un obstáculo significativo para muchas académicas; durante el periodo del congelo materno, las mujeres tienden a publicar menos y pierden visibilidad dentro de sus redes científicas.

Aunado a esto, hay efectos históricos evidentes: los hombres han dominado durante mucho tiempo los puestos directivos en instituciones académicas. Este contexto temporal juega un papel importante en cómo se reequilibran estas dinámicas. La creciente presencia femenina no implica necesariamente un cambio en las reglas existentes; algunas mujeres pueden acceder a posiciones elevadas adoptando normas previamente establecidas que suelen favorecer un modelo masculino.

Mecanismos para mitigar desigualdades en ciencia

Para abordar estas cuestiones, Verquere propone varios enfoques. Uno primordial es desnaturalizar los estereotipos de género desde etapas tempranas en educación infantil. Los roles asignados durante esta fase impactan profundamente en cómo los niños y niñas ocupan espacios y asumen responsabilidades.

No obstante, cambiar estos patrones requiere también revisar criterios estructurales relacionados con evaluación y progresión profesional dentro del ámbito académico. Es crucial cuestionar qué trayectorias son consideradas ejemplares e introducir nuevas dimensiones valorativas que reconozcan contribuciones colectivas o iniciativas pedagógicas cotidianas.

Conclusión sobre el futuro del género en ciencia

A medida que avanzamos hacia una mayor equidad dentro del ámbito académico, es esencial seguir trabajando para identificar y eliminar barreras estructurales persistentes. Solo así será posible construir un entorno científico más inclusivo donde todas las voces sean escuchadas y valoradas equitativamente.

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