Un estudio revela que las ONG pueden mejorar su impacto en comunidades marginadas al escuchar verdaderamente a sus habitantes, adaptando sus proyectos a las realidades locales y fomentando la confianza.
Un nuevo estudio ha revelado cómo las organizaciones no gubernamentales (ONG) pueden mejorar su labor en comunidades marginadas a nivel global: **escuchando de verdad** a las personas a las que sirven. La investigación, liderada por la doctora Sofia Yasmin de la Universidad de Manchester y el profesor Chaudhry Ghafran de la Universidad de Durham, se centra en un proyecto internacional que proporcionó acceso a agua potable y servicios sanitarios en dos de las comunidades urbanas más pobres de Pakistán, una cristiana y otra musulmana.
El equipo realizó un trabajo de campo, dialogando con residentes locales, líderes comunitarios y personal de ONG. Su objetivo era comprender cómo funciona la *responsabilidad* en contextos donde la pobreza, la religión, el género y la clase social se entrelazan. “Lo que encontramos fue que incluso dentro de comunidades empobrecidas, las experiencias con la ayuda humanitaria son diversas”, afirmó la doctora Yasmin. “Una comunidad cristiana minoritaria experimentó un nivel más profundo de exclusión y estaba agradecida simplemente por ser vista, mientras que otra comunidad musulmana se sentía capaz de cuestionar el proyecto”. Esta diversidad es crucial para lograr un desarrollo equitativo e inclusivo.
El estudio, publicado en el Accounting, Auditing and Accountability Journal, pone de manifiesto que aunque las ONG suelen hablar sobre “participación comunitaria”, la toma de decisiones sigue estando controlada en gran medida por donantes y gerentes distantes. Los proyectos están frecuentemente sujetos a presupuestos estrictos y objetivos de rendimiento, lo que limita la flexibilidad y la capacidad de los habitantes locales para influir en los resultados.
A pesar de estos desafíos, el estudio también destaca momentos esperanzadores. En una comunidad específica, la confianza entre los residentes y los trabajadores de la ONG creció no a través de eslóganes o talleres, sino mediante la llegada tangible de sistemas de agua limpia e infraestructura funcional. “La gente confiaba en lo que podía ver”, comentó Yasmin. “La confianza se construyó cuando las promesas se convirtieron en tuberías”.
El artículo introduce el concepto de *“responsividad fluida”*, proponiendo que las ONG deben considerar la responsabilidad no como un mero trámite burocrático, sino como una relación dinámica y evolutiva con las comunidades a las que sirven.
Nuestra investigación muestra que la responsabilidad no es un enfoque único para todos; se trata de ser sensible a las historias personales, su fe y su posición social, reconociendo que algunas voces son mucho más difíciles de escuchar que otras.
La doctora Yasmin espera que estos hallazgos animen a las ONGs internacionales, donantes y gobiernos a replantearse cómo diseñan y supervisan sus proyectos. “Si queremos un desarrollo sostenible”, subrayó, “debemos dejar de hablar por la gente y comenzar a escucharlos – especialmente a aquellos que son más frecuentemente ignorados”.