Un cuestionario revela que los jóvenes detectan mejor los deepfakes que los mayores de 65 años, destacando la creciente dificultad para distinguir entre lo real y lo artificial debido a la inteligencia artificial.
La inteligencia artificial (IA) ha permeado todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Internet, esa vasta biblioteca de contenidos, se encuentra en gran medida compuesta por materiales generados por máquinas. Según Aaron Harris, director global de tecnología en Sage, “el auge de los contenidos automatizados y la interacción impulsada por bots hace que cada vez sea más difícil separar lo auténtico del ruido”. En este contexto, la entidad australiana The Care Side ha desarrollado un cuestionario para evaluar la capacidad de discernimiento sobre el contenido generado por IA entre más de 3.000 personas.
Los resultados son reveladores: mientras que los menores de 29 años logran identificar ocho de cada diez contenidos falsos con apariencia real (deepfake), aquellos mayores de 65 años apenas alcanzan a reconocer poco más de la mitad, a menudo por azar. Este fenómeno plantea serias preocupaciones no solo por las posibilidades de manipulación y desinformación, sino también por el aumento de estafas sofisticadas basadas en creaciones artificiales. Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación en ESET España, advierte que “los delincuentes están creando campañas cada vez más convincentes” utilizando herramientas avanzadas de IA.
Hervé Lambert, gerente de operaciones en Panda Security, ha sido víctima directa de este tipo de fraude. Recibió una llamada fraudulenta con la voz suplantada de uno de sus superiores pidiéndole realizar una acción sospechosa. “Colgué el teléfono y confirmé que no era él quien había llamado”, relata Lambert.
A pesar de su experiencia, Lambert reconoce el valor del cuestionario creado por The Care Side, al que se sometió junto a sus hijos, quienes son más jóvenes. A pesar de su edad, obtuvo mejores resultados que ellos, lo que le lleva a reflexionar sobre la vulnerabilidad general ante estos engaños: “No se puede limitar el problema a una cuestión generacional; la IA es astuta y sabe cuándo estamos menos concentrados”, afirma.
Marti DeLiema, doctora en Gerontología y subdirectora del Centro de Envejecimiento Saludable e Innovación en la Universidad de Minnesota, coincide con Lambert al señalar que “la IA transforma drásticamente el panorama del fraude para todos”. Ambos expertos coinciden en que la falta de conocimiento y concienciación es un factor crítico en esta problemática.
Lambert enfatiza que muchas veces estamos distraídos realizando múltiples tareas al mismo tiempo, lo cual disminuye nuestra capacidad para detectar fraudes. “Las amenazas han evolucionado notablemente en los últimos diez años; debemos aprender a identificar las señales de alerta”, señala. Por su parte, Albors lamenta la tendencia entre los usuarios a no contrastar información proveniente de fuentes confiables.
Diversas estrategias pueden ayudar a identificar contenidos falsos. Albors recomienda verificar siempre la información con medios consolidados y desconfiar del contenido emocional o inesperado. También sugiere revisar cuidadosamente las direcciones URL y confirmar mensajes directamente con conocidos o fuentes originales.
En cuanto a los mensajes escritos, hay varios indicadores a tener en cuenta: evitar saludos genéricos como "estimado cliente", estar alerta ante plazos urgentes o solicitudes inusuales, así como revisar errores gramaticales o frases poco naturales. Para las imágenes generadas por IA, hay que observar simetrías extrañas en rostros o malformaciones visibles. Los mensajes auditivos suelen presentar ritmos robóticos o pausas antinaturales, mientras que los vídeos pueden mostrar incoherencias en gestos faciales o movimientos poco naturales.
En resumen, aunque existen herramientas para detectar la participación de IA en diversos contenidos, estas son insuficientes para eliminar completamente el riesgo. La educación práctica sobre cómo actuar ante situaciones reales sigue siendo fundamental para protegerse contra el fraude digital.