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España debe priorizar la cooperación con Emiratos en inteligencia artificial para no quedarse atrás en Europa

Alianza Inteligencia Artificial

José Enrique González | Lunes 02 de febrero de 2026

España debe priorizar la cooperación con Emiratos en inteligencia artificial para competir en Europa, aprovechar su infraestructura y atraer inversiones que fortalezcan su posición estratégica y competitividad.



Europa habla mucho de inteligencia artificial y actúa poco. Mientras Estados Unidos y China consolidan su ventaja gracias a su músculo financiero y a su capacidad de cómputo, la Unión Europea se encuentra atrapada entre la ansiedad regulatoria y la lentitud inversora. La situación es preocupante: sin energía, centros de datos, computación de alto rendimiento y capital paciente, no hay “soberanía digital” que valga. En este contexto, surge un socio que Europa —y en particular España— debería considerar con pragmatismo: Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi ha convertido la IA en una política de Estado desde hace años, respaldándola con instituciones, inversiones y proyectos a gran escala. La cuestión es clara: si España desea competir y atraer industria tecnológica, no se trata de si es conveniente cooperar con Emiratos, sino por qué el Gobierno aún no lo ha priorizado como una estrategia nacional.

Los hechos son contundentes. Emiratos fue el primer país del mundo en nombrar un ministro específico de inteligencia artificial en 2017, lo que evidenció su compromiso con la IA como un asunto de poder nacional. Desde entonces, han desarrollado un modelo basado en tres pilares fundamentales que Europa necesita: capital (fondos soberanos y plataformas de inversión), infraestructura (centros de datos y capacidad de cómputo) y coordinación estatal. Mientras en Europa se debate sobre si la IA “amenaza” o “promete”, ellos están construyendo capacidades concretas. Esta capacidad ya está cruzando fronteras europeas con iniciativas tangibles: Francia y Emiratos han firmado un acuerdo marco para desarrollar un centro de datos de IA de 1 gigavatio, con inversiones anunciadas entre 30.000 y 50.000 millones de dólares, abarcando toda la cadena de valor de la IA (infraestructura, chips, talento e incluso “embajadas de datos” virtuales para soberanía cloud). Esto no es “filantropía tecnológica”: es geoeconomía de primer nivel. Y si París ya está avanzando con este enfoque realista, ¿por qué Madrid no?

La Oportunidad Estratégica para España

Desde Bruselas también se han dado pasos significativos que España debería observar atentamente. En diciembre de 2025, la Comisión Europea anunció el inicio de negociaciones para un Acuerdo de Asociación Estratégica UE–Emiratos, citando explícitamente áreas como digitalización, inteligencia artificial, conectividad e innovación. Esto implica que el marco político europeo ya está establecido y que la conversación ha evolucionado del “si” al “cómo”. Aquí España tiene una oportunidad doble: puede alinearse con la arquitectura europea bajo el paraguas de la Unión Europea y ganar protagonismo nacional al liderar proyectos cruciales como capacidad de cómputo en suelo europeo e inversión productiva.

No partimos desde cero; iniciativas como la creación de AESIA en A Coruña y el impulso del “sandbox” regulatorio son activos institucionales relevantes. De hecho, la OCDE ha reconocido a España como el primer Estado miembro en establecer una agencia dedicada a supervisar la IA. Sin embargo, una arquitectura regulatoria por sí sola no genera ventaja competitiva sin inversión ni industria. Es aquí donde la cooperación con Emiratos puede resultar decisiva.

Preguntas Clave para el Futuro

Ante esta coyuntura, surge una pregunta fundamental: ¿a qué espera el Gobierno para definir una estrategia clara que atraiga inversión en infraestructura de IA? Los centros de datos no se construyen solo con buenas intenciones; requieren suelo adecuado, permisos necesarios, energía suficiente y estabilidad regulatoria. España posee un recurso valioso que Europa aprecia cada vez más: su capacidad renovable y potencial para ofrecer energía competitiva a infraestructuras intensivas en consumo.

Además: ¿por qué no diseñar acuerdos de coinversión para centros de datos y “AI factories” que operen bajo derecho europeo? Esto permitiría aprovechar capital y experiencia provenientes de socios como Emiratos mientras se asegura cumplimiento normativo. Otra cuestión vital es cómo convertir a España en un polo destacado en IA aplicada; donde nuestra ventaja no resida únicamente en "inventar" nuevos modelos sino en desplegar tecnologías existentes a gran escala en sectores donde ya somos fuertes: energía, logística, turismo o sanidad.

Asegurando Soberanía y Seguridad

Cualquier alianza relacionada con IA debe garantizar aspectos esenciales como soberanía sobre los datos, ciberseguridad y control sobre infraestructuras críticas. Por ello, el enfoque correcto debe ser el diseño cuidadoso: proyectos situados dentro del territorio europeo que cumplan estándares europeos claros. La gran fortaleza de Europa radica en su capacidad normativa; su debilidad está en la ejecución.

Emiratos destaca precisamente por su habilidad para ejecutar e invertir. Esta combinación podría ser beneficiosa si España establece condiciones inteligentes relacionadas con localización, seguridad y retorno en capacidades (talento e I+D aplicada). Si el Gobierno no impulsa estas iniciativas estratégicas, será necesario que la oposición exprese claramente que los costos derivados por inacción afectarán negativamente nuestra competitividad y autonomía estratégica.

Reflexiones Finales sobre Liderazgo Nacional

La pregunta final resulta incómoda pero esencial: si la UE ya ha abierto formalmente una vía hacia una asociación estratégica con Emiratos en IA y Francia avanza hacia proyectos ambiciosos con cifras raramente movilizadas por Europa, ¿por qué España sigue sin liderar su propia agenda? No se trata simplemente de propaganda ni alineamientos automáticos; es cuestión del interés nacional.

En la economía del siglo XXI quien controla cómputo, datos y despliegue industrial tiene el poder sobre productividad. España cuenta con instituciones sólidas y sectores donde aplicar IA efectivamente; solo falta voluntad estratégica para buscar esa inversión inteligentemente. Esa es hoy día la verdadera pregunta política: ¿a qué espera el Gobierno?

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