El Ejército español avanza en inteligencia artificial con el proyecto Numant-IA, destinado a mejorar operaciones militares y ciberseguridad, enfatizando la necesidad de control humano en su uso.
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un elemento crucial dentro de las operaciones militares, especialmente para las fuerzas armadas de EE. UU. Un claro ejemplo de su aplicación fue la tecnología utilizada para localizar al ayatolá Jameneí y otros líderes del país, lo que permitió llevar a cabo un ataque coordinado por parte del ejército estadounidense e israelí. Además, estas herramientas han sido fundamentales para identificar a figuras como Nicolás Maduro y simular diversas operaciones hasta encontrar la más adecuada.
Recientemente, el Pentágono ha estado en negociaciones con Anthropic, la compañía detrás de los chatbots Claude, buscando acceso a sus tecnologías. Sin embargo, Anthropic se ha negado a permitir que sus productos sean utilizados para vigilancia masiva dentro de EE. UU., aunque no tiene objeciones sobre su uso fuera del país. Esta negativa ha llevado a la administración de Donald Trump a cancelar todos los contratos del Pentágono con Anthropic y clasificar a la empresa como un “riesgo para la cadena de suministro”, una etiqueta que anteriormente solo se había aplicado a empresas extranjeras como Huawei.
En el contexto español, la IA está ganando terreno en el ámbito militar. El año pasado, el Gobierno español anunció la construcción de un centro de datos en Soria enfocado en ciberseguridad e IA, conocido como Numant-IA. Este proyecto contará con una inversión de 70 millones de euros y se espera que esté operativo en 2028.
Numant-IA albergará aplicaciones dirigidas al procesamiento seguro de datos clasificados, así como analítica avanzada relacionada con operaciones y logística. Además, el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y Defensa de 2025 contempla inversiones significativas en nuevas tecnologías, incluyendo IA y automatización avanzada.
“La inteligencia artificial es un multiplicador de capacidades”, afirma Enrique Ávila Gómez, director del Centro de Referencia de Inteligencia Artificial del Estado Mayor de la Defensa. Su objetivo es integrar esta tecnología dentro del ámbito defensivo para mejorar su eficacia.
Dentro del Ministerio de Defensa se han creado centros especializados en IA. Desde estos centros se busca que la IA influya en los procesos decisionales y acelere la toma de decisiones relacionadas con defensa. Aunque Ávila no especifica las aplicaciones prácticas esperadas, menciona tendencias actuales como el mantenimiento predictivo y el uso de visión por computador para detección de objetivos.
Raúl Álvarez, CEO de Kallisto AI, destaca que muchas tecnologías civiles están siendo adaptadas al ámbito militar, algo que antes ocurría al revés. Por ejemplo, los sistemas de mantenimiento predictivo permiten anticipar reparaciones necesarias en vehículos militares, optimizando costos y mejorando la disponibilidad operativa.
La detección precisa de objetivos también se apoya en IA mediante satélites y aviones que informan sobre las posiciones enemigas en tiempo real. Esta tecnología ha comenzado a ser utilizada durante el conflicto en Ucrania para guiar drones autónomamente durante su último tramo operativo.
A pesar del avance tecnológico, Ávila enfatiza que todo el ciclo de inteligencia puede ser automatizado hasta cierto punto; desde adquisición hasta análisis y transmisión. La sensorización del territorio es fundamental para conocer las posiciones enemigas y planificar respuestas adecuadas.
El Plan Industrial y Tecnológico para la Defensa prevé una inversión significativa en telecomunicaciones y ciberseguridad, aunque aún no se especifica cuánto se destinará específicamente a IA. Según Ávila, los modelos que se implementarán no son aquellos populares en el mercado civil; son modelos diseñados específicamente para misiones concretas dentro del ámbito militar.
A medida que avanza la guerra tecnológica, muchos ejércitos están reorientando sus presupuestos hacia nuevas prioridades. Estados Unidos ha comenzado a reducir inversiones en helicópteros tradicionales y vehículos blindados, optando por aumentar su enfoque hacia drones más eficientes.
No obstante, surge una pregunta crítica: ¿dónde debe establecerse un límite a esta automatización? “Es esencial mantener decisiones humanas”, sostiene Ávila. “Siempre será necesario preservar una ética en los conflictos”. Para ello, aboga por una regulación internacional específica sobre el uso de IA en contextos bélicos.