Un proyecto de eliminación de carbono en Maine busca equilibrar la acidez del océano, protegiendo la vida marina y potencialmente transformando el mercado global de acuicultura.
Los océanos desempeñan un papel crucial en la regulación del clima al absorber aproximadamente entre el 25% y el 30% del dióxido de carbono (CO2) que se libera a la atmósfera. Este proceso, sin embargo, tiene consecuencias significativas para la química del agua. Cuando el CO2 se disuelve en el agua de mar, forma ácido carbónico, lo que incrementa la acidez y altera la composición química del océano. Este aumento en los niveles de acidez resulta perjudicial para diversas formas de vida marina, como los corales, las ostras y ciertos tipos de plancton que dependen del carbonato de calcio para construir sus conchas y esqueletos.
Kripa Varanasi, profesor de ingeniería mecánica en el MIT, explica: “A medida que los océanos absorben más CO2, la química cambia —aumentando el bicarbonato mientras se reduce la disponibilidad de iones carbonato— lo que significa que los moluscos tienen menos carbonato disponible para formar sus conchas”. Estos cambios pueden tener repercusiones en los ecosistemas marinos, afectando la salud de los organismos y, con el tiempo, las redes alimentarias más amplias.
La pérdida de moluscos puede desencadenar una serie de problemas ambientales, como la disminución de la calidad del agua y la erosión costera, además de causar interrupciones en los ecosistemas que podrían tener consecuencias económicas significativas para las comunidades costeras. Según Varanasi, “Estados Unidos cuenta con una extensa costa y la acuicultura de moluscos tiene un valor global aproximado de $60 mil millones. Con las innovaciones adecuadas, existe una oportunidad considerable para expandir la producción nacional”.
El profesor también advierte sobre la inminente amenaza: “Uno podría pensar que esta [depleción] podría ocurrir en 100 años o algo así, pero lo que estamos encontrando es que ya están afectando a las incubadoras y sistemas costeros hoy en día”, añade. “Sin intervención, estas tendencias podrían alterar significativamente los ecosistemas marinos y las economías costeras que dependen de ellos a lo largo del tiempo”.