Investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena han demostrado que el uso de bioestimulantes en cultivos de patata puede reducir significativamente la necesidad de fertilizantes minerales, mejorando la salud del suelo y disminuyendo las emisiones de CO2.
La revista internacional Chemical and Biological Technologies in Agriculture, perteneciente al grupo Springer Nature, ha publicado recientemente un artículo que destaca los avances de investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena. Este estudio presenta los resultados obtenidos en su Estación Agroalimentaria Experimental, donde se han aplicado bioestimulantes con el objetivo de reducir el uso de fertilizantes minerales en los cultivos de patata.
Los hallazgos del estudio indican que es posible lograr rendimientos agrícolas equivalentes al sustituir parte de la fertilización convencional por la utilización de microorganismos, como bacterias y hongos. Estos organismos no solo mejoran la salud del suelo y las plantas, sino que también contribuyen a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y a mitigar enfermedades. Estas estrategias son particularmente relevantes en regiones semiáridas como el Campo de Cartagena, donde los productores están trabajando en la creación de un sello de calidad para su patata temprana, lo que podría mejorar su comercialización.
El cultivo intensivo de patatas depende en gran medida del uso de fertilizantes minerales, cuyo impacto ambiental puede ser negativo. Según los autores del estudio —Irene Ollio, Raúl Zornoza, Josefa Contreras, Catalina Egea, Juan Antonio Fernández y Eva Lloret—, “la aplicación de bioestimulantes representa una alternativa sostenible para mejorar la disponibilidad de nutrientes y la salud vegetal”.
Este artículo es el tercero derivado de la tesis doctoral de Irene Ollio y se basa en ensayos realizados dentro del marco del proyecto europeo Soildiver Agro, en colaboración con Asaja y la empresa Fyneco. Los resultados corroboran hallazgos anteriores publicados este año en la revista Soil Use and Management.
Irene Ollio resume los beneficios observados: “El tratamiento con bioestimulantes ha permitido mantener el mismo rendimiento mientras se mejora el valor comercial de la producción, reduciendo un 40% las emisiones de CO2, aumentando la biodiversidad microbiana y disminuyendo la presencia de fitopatógenos”. Estas técnicas se perfilan como una “estrategia prometedora” para optimizar el uso de fertilizantes químicos en zonas semiáridas, favoreciendo funciones beneficiosas del suelo y promoviendo un microbioma resistente.
Raúl Zornoza añade que “estos tratamientos también reducen la pérdida de nutrientes por lixiviación”, subrayando así su relevancia medioambiental al minimizar el aporte excesivo de nutrientes a los acuíferos, especialmente crítico en el Campo de Cartagena debido a su proximidad al Mar Menor.
Los ensayos incluyeron cuatro tratamientos diferentes de fertilización y se evaluaron mediante muestras recogidas en cuatro etapas clave: antes de la siembra, antes de aplicar los bioestimulantes, tras la inoculación y durante la cosecha. Juan Antonio Fernández destaca que “la investigación previa es crucial para conocer la eficacia real de los productos bioestimulantes bajo condiciones ambientales específicas”, lo cual resulta esencial para los agricultores que consideren implementar estas técnicas en sus cultivos comerciales.