El miedo a la obsolescencia profesional (FOGO) afecta cada vez más a directivos, impulsado por la rápida evolución tecnológica y la necesidad de adaptarse a nuevas competencias y modelos de negocio.
El fenómeno del miedo a quedarse obsoleto, conocido como FOGO (Fear Of Getting Obsolete), ha comenzado a penetrar en la alta dirección de las empresas, un ámbito que hasta hace poco parecía ajeno a este tipo de preocupaciones. Firmas especializadas en el mercado del talento, como Catenon, han detectado señales cada vez más evidentes de que esta inquietud está impactando la estructura directiva de diversas organizaciones.
Tradicionalmente, la obsolescencia profesional se asociaba con perfiles junior o roles fácilmente automatizables. Sin embargo, la aceleración tecnológica ha transformado este paradigma, llevando a los directivos a experimentar un temor más profundo: no solo la posibilidad de perder su empleo, sino también la pérdida de relevancia estratégica en un entorno donde la inteligencia artificial y los nuevos modelos de negocio evolucionan a una velocidad vertiginosa.
Este temor puede manifestarse en lo que se conoce como tecnoestrés, que se traduce en sobrecarga mental y dificultad para desconectar. A pesar de que este tipo de estrés rara vez se verbaliza entre los altos ejecutivos, su impacto es innegable: afecta la toma de decisiones y la gestión de equipos, así como la capacidad para liderar con una visión a largo plazo. Según Mariana Spata, Chief Commercial Officer de Catenon, “no hablamos de una falta de capacidades técnicas, sino de una creciente sensación de perder peso estratégico en la organización”. La obsolescencia aquí no es tanto técnica como estratégica; no se trata únicamente de dominar herramientas específicas, sino de entender cómo estas transformaciones influyen en el negocio y en la competitividad.
Datos alarmantes respaldan estas preocupaciones
Los datos reflejan esta inquietud creciente. El Future of Jobs Report del World Economic Forum estima que el 44% de las habilidades actuales cambiarán antes del año 2027 debido a la automatización y al avance de la inteligencia artificial. Asimismo, un estudio reciente realizado por Workday Research indica que el 46% de los profesionales considera que sus competencias quedarán obsoletas en menos de cinco años. Por otro lado, el IBM Institute for Business Value señala que el 40% de la fuerza laboral requerirá procesos de reskilling en los próximos tres años.
La presión del FOGO es especialmente intensa para los perfiles directivos. CEOs y altos ejecutivos deben integrar tecnología e inteligencia artificial en sus estrategias sin desviar su atención del negocio principal. En particular, los COOs y directores operativos enfrentan un desafío significativo debido a que la automatización avanza más rápido que los modelos tradicionales de gestión.
A su vez, CFOs y directores financieros deben adaptarse al uso creciente de IA en reporting y gestión del riesgo. Los directores de Recursos Humanos tienen el reto adicional de liderar procesos de reskilling y transformación cultural en entornos inciertos, mientras que los responsables comerciales están inmersos en transiciones hacia modelos basados en datos y herramientas de IA generativa.
Este contexto está redefiniendo las características del liderazgo demandadas por el mercado actual. Las empresas ya no buscan únicamente experiencia acumulada; ahora valoran capacidades como el aprendizaje continuo, adaptabilidad y liderazgo emocional. Los procesos para seleccionar y evaluar a la alta dirección están evolucionando rápidamente: aunque la experiencia sigue siendo valiosa, debe ir acompañada por una clara capacidad para adaptarse al cambio.
Catenon ha observado cambios significativos en cómo este fenómeno afecta la arquitectura directiva: rotación silenciosa, dificultades para cubrir posiciones críticas y desajustes entre perfiles tradicionales y nuevas exigencias del entorno digital son solo algunos ejemplos. Como señala Mariana Spata, “el reto ya no es atraer talento directivo, sino asegurar que ese liderazgo siga siendo vigente en un entorno cambiante”. Comprender cómo evolucionan los miedos y expectativas dentro de la alta dirección se ha convertido en una cuestión estratégica clave para garantizar la competitividad empresarial futura.