La Cátedra de la Caridad de la UCV organizó un foro sobre el uso ético de la inteligencia artificial para combatir pobreza y hambre, destacando la necesidad de educación crítica y compromiso social.
La Cátedra de la Caridad de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha organizado un foro titulado ‘Ante los retos de la pobreza y el hambre: inteligencia artificial, antropología y ética. Universitarios: formación y capacidad crítica’. Este evento reunió a expertos en diversas disciplinas como educación, economía, ingeniería, biotecnología y ciencias sociales, quienes compartieron los avances de sus investigaciones realizadas durante el curso académico.
En su discurso inaugural, José Luis Sánchez García, director de la cátedra y vicario de Cultura de Valencia, enfatizó que la inteligencia artificial (IA) no debe ser vista como una amenaza, sino como una herramienta que puede ser orientada hacia el bien común. “Ha venido para quedarse; el reto no es evitarla, sino aprender a utilizarla correctamente”, afirmó. También advirtió sobre el peligro que representan los algoritmos al reforzar creencias preexistentes, lo cual puede limitar la comprensión del mundo y generar visiones sesgadas de la realidad. Además, subrayó la importancia de formar individuos con criterio crítico que puedan trascender sus propios prejuicios.
Sánchez García recordó que más de 700 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema en el mundo, una situación que demanda respuestas concretas más allá del debate tecnológico. El foro tuvo lugar en la sede San Juan y San Vicente y contó con la participación del vicerrector de Investigación, José María Tormos, quien destacó el papel fundamental de la educación en la correcta utilización de las tecnologías. “Es necesario formarse tanto en el manejo de estas herramientas como en los aspectos éticos y antropológicos que permiten discernir su buen uso”, argumentó Tormos. También alertó sobre cómo ciertas decisiones globales pueden impactar directamente en la producción alimentaria, exacerbando así el problema del hambre.
La directora de Cáritas Diocesana de Valencia, Aurora Aranda, hizo hincapié en que la pobreza no es solo un conjunto de estadísticas: “No hablamos de datos, sino de personas con nombre, rostro e historia”. En este sentido, resaltó que la exclusión afecta profundamente a la dignidad humana y que cualquier avance tecnológico debe estar genuinamente al servicio del bienestar humano.
Después del acto inaugural, se llevaron a cabo varias ponencias. El profesor Vicente Cloquell de la Universitat Politècnica de València describió la pobreza y marginación como un “desafío silente para la inteligencia artificial”. Según él, las aplicaciones más visibles suelen acaparar atención mientras las realidades más vulnerables quedan desatendidas. A pesar del potencial que tiene la IA para mitigar estas situaciones, Cloquell advirtió que las grandes corporaciones rara vez priorizan a las personas en situación de exclusión.
En el ámbito educativo, las profesoras María Gil y María Asunción Esteso abogaron por una formación integral que trascienda lo meramente académico. Para ellas, el pensamiento crítico implica no solo analizar información sino también comprender y actuar sobre la realidad social para transformarla. Desde una perspectiva aplicada, el investigador Jerónimo Chirivella señaló que aunque los océanos tienen un gran potencial como fuente alimentaria, el verdadero desafío radica en cómo se distribuyen esos alimentos: “Podemos producir suficientes alimentos, pero el reto es cómo los repartimos”, concluyó.
Juan Sapena, economista presente en el foro, abordó el tema desde la doctrina social de la Iglesia. Defendió que cualquier avance tecnológico debe estar al servicio del ser humano: “La responsabilidad sigue siendo humana, no del ordenador”. En su intervención insistió en que los desafíos éticos relacionados con la IA son cruciales para abordar problemas sociales como la pobreza.
Roberto Sanz, vicedecano del evento, destacó una paradoja contemporánea: “Nunca hemos tenido tanta capacidad tecnológica y sin embargo persisten profundas desigualdades”. Sanz advirtió que si no se proporciona una educación adecuada sobre IA podría agravar aún más las condiciones de pobreza; sin embargo, si se utiliza correctamente podría convertirse en una poderosa herramienta para transformar sociedades.
Cerrando el evento estuvo Ginés Marco, profesor de Filosofía quien reflexionó sobre lo que denominó “crisis de identidad” dentro del ámbito universitario. Reivindicó a las universidades como espacios esenciales para buscar verdades fundamentales y subrayó que si bien la IA puede ser útil, nunca podrá reemplazar a la inteligencia humana. Resaltó así el papel crucial del pensamiento crítico ante desafíos tan apremiantes como son la pobreza y el hambre.
La línea de investigación sobre Pobreza y Hambre en UCV se articula alrededor de tres ejes fundamentales: un foro anual donde se presentan investigaciones desarrolladas durante más de diez años; un congreso internacional con expertos destacados a nivel global; y elaboración constante de comunicados reflexivos en defensa de los grupos más vulnerables durante diversas jornadas sociales.
Se enfatiza que la inteligencia artificial debe ser orientada hacia el bien común, evitando su rechazo y aprendiendo a utilizarla correctamente. Se destaca la importancia de formar personas con criterio que puedan superar sus propios sesgos y confusiones entre verdad y opinión.
La educación es fundamental para orientar el uso de la tecnología. Los expertos abogan por una formación integral que no solo incluya el manejo técnico de herramientas, sino también aspectos éticos y antropológicos que permitan discernir su buen uso.
Aunque las grandes corporaciones pueden priorizar aplicaciones más visibles, se argumenta que la inteligencia artificial tiene el potencial de ayudar a las personas en situación de exclusión si existe voluntad y compromiso por parte de quienes desarrollan estas tecnologías.
Se señala que, aunque hay capacidad suficiente para producir alimentos, el verdadero reto radica en cómo se distribuyen. Las crisis globales pueden afectar directamente esta distribución, perjudicando principalmente a los más desfavorecidos.