Laura Cabello, doctoranda de CEF.-UDIMA, recibe el Premio CIPIE 2026 por su investigación sobre la inteligencia artificial y su impacto en la brecha de género en educación.
La inteligencia artificial está revolucionando el ámbito educativo a un ritmo sin precedentes. Sin embargo, junto a las oportunidades que presenta, surgen interrogantes cruciales: ¿puede la IA contribuir a cerrar la brecha de género o, por el contrario, corre el riesgo de perpetuar desigualdades existentes? Esta cuestión ha guiado la investigación de Laura Cabello, doctoranda en CEF.- UDIMA, quien ha sido galardonada con el Premio a la Innovación y Emprendimiento Psicológico CIPIE 2026 por su tesis titulada Competencia Digital y Educación en Igualdad en la Formación Profesional: Un análisis de las dinámicas de género en el contexto canario.
Este premio representa un impulso significativo para Cabello, quien considera esencial continuar su labor investigadora. “Es una gran alegría y, sobre todo, una motivación para seguir adelante. Preparar una tesis doctoral requiere mucho esfuerzo, por lo que recibir este reconocimiento te hace pensar que el camino que has elegido tiene sentido y que el tema realmente aporta algo valioso a la sociedad”, afirmó.
La investigación se centra en las percepciones y retos que plantea la inteligencia artificial dentro del ámbito de la Formación Profesional, prestando especial atención a la persistente desigualdad de género en diversas trayectorias educativas. El estudio se basa en un análisis cualitativo realizado con distintos actores educativos para comprender cómo perciben la IA como herramienta pedagógica e identificar los factores que influyen en las elecciones académicas de mujeres y hombres.
“El objetivo principal era analizar cómo diversos agentes educativos perciben la inteligencia artificial como herramienta pedagógica e identificar los factores de desigualdad de género que condicionan la elección de itinerarios formativos”, explicó Cabello.
El interés por investigar este fenómeno surgió de una realidad palpable que Cabello observó en las aulas. “Es evidente que en ciertas familias profesionales, la matrícula masculina es muy alta mientras que en otras supera a la femenina. Al contrastarlo con estadísticas oficiales, se confirma que no es solo una percepción; los sesgos de género están estructuralmente presentes”, señaló.
A medida que avanza la inteligencia artificial, esta reflexión se vuelve aún más urgente. “Con su irrupción, era necesario investigar cómo influiría esta nueva tecnología: si serviría como herramienta para cerrar brechas o si favorecería desigualdades preexistentes”, agregó.
Un hallazgo notable del estudio es que muchas jóvenes continúan viendo ciertos entornos tecnológicos como poco acogedores. Según Laura Cabello, esta percepción no proviene de una falta de interés o capacidad, sino más bien de factores sociales y culturales arraigados. “Lo más impactante fue encontrar testimonios sobre el mundo de los videojuegos donde algunas jóvenes prefieren ocultar su identidad para evitar insultos o situaciones hostiles”, comentó.
Para ella, estas experiencias evidencian que el verdadero problema radica no en la tecnología misma, sino en el contexto social donde se desarrolla. “La brecha de género no es cuestión de falta de capacidad o interés; es resultado de entornos que aún son percibidos como excluyentes para las mujeres”, concluyó.
Otro aspecto relevante del trabajo desafía una creencia común: que el uso habitual de herramientas digitales equivale a poseer competencias tecnológicas reales. La investigación revela diferencias significativas entre utilizar redes sociales o aplicaciones digitales y desarrollar habilidades profesionales relacionadas con la inteligencia artificial.
A pesar del valor atribuido a la IA para aumentar productividad, persiste una preocupación acerca de la veracidad del contenido generado y su potencial sustitución del esfuerzo intelectual. Por ello, Laura Cabello aboga por una formación integral que trascienda lo meramente técnico. “La enseñanza sobre inteligencia artificial debe ir más allá del aprendizaje técnico; debe enfocarse también en fortalecer las capacidades específicas del profesorado y rediseñar sistemas evaluativos hacia competencias profesionales críticas”, argumentó.
Finalmente, su investigación concluye que la inteligencia artificial puede ser una herramienta valiosa para mejorar el sistema educativo siempre que su desarrollo esté acompañado por una reflexión ética adecuada. “La IA puede potenciar tanto el aprendizaje como la productividad. Si se implementa éticamente, puede ayudar a derribar barreras y personalizar procesos educativos; sin embargo, es fundamental fomentar un pensamiento crítico entre los estudiantes para cuestionar los sesgos inherentes a esta tecnología”, subrayó Cabello.
A este respecto, considera vital reforzar la formación docente: “Es imprescindible centrarse en promover el pensamiento crítico y fortalecer al profesorado en temas relacionados con igualdad y ética tecnológica para guiar al alumnado en un entorno cambiante”.
Para Laura Cabello, llevar a cabo esta investigación como parte de su doctorado ha sido fundamental para abordar un tema tan relevante hoy día. “Contar con el apoyo del CEF.- UDIMA ha sido clave; valoro enormemente el respaldo recibido por parte de mi director de tesis y del profesorado durante este proceso. Obtener este premio nos permite visibilizar nuestra investigación y trasladar estos avances directamente a la sociedad”, expresó.
Cerrando su discurso, Cabello Peñas enfatiza un mensaje poderoso: “El cambio real hacia la igualdad comienza dentro del aula. Para que la tecnología actúe como motor progresista es esencial visibilizar los sesgos persistentes en nuestra sociedad. Solo combinando innovación tecnológica con principios éticos lograremos permitir al alumnado elegir libremente su futuro profesional sin barreras basadas en género”.
La investigación analiza las percepciones y los desafíos que plantea la inteligencia artificial en el ámbito de la Formación Profesional, poniendo especial atención en la desigualdad de género que todavía persiste en muchos itinerarios formativos.
Uno de los desafíos es que muchas jóvenes perciben determinados entornos tecnológicos como poco acogedores, lo que no responde a una falta de interés o capacidad, sino a factores sociales y culturales presentes en esos entornos.
Es fundamental que su desarrollo vaya acompañado de una reflexión ética y que se fomente el pensamiento crítico del alumnado, además de reforzar la formación del profesorado en materia de igualdad y ética tecnológica.
Los sesgos de género siguen condicionando la elección de itinerarios formativos, donde ciertos campos tienen una matrícula masculina muy alta y otros femenina. La tecnología debe ser utilizada para cuestionar estos sesgos y promover un entorno educativo más equitativo.