Un reciente estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Oporto (FMUP), en colaboración con la Facultad de Medicina Dental de la U.Porto (FMDUP) y el Instituto de Investigación e Innovación en Salud de la U.Porto (i3S), ha revelado que la microbiota materna puede ser un indicador temprano del riesgo cardiometabólico en los recién nacidos. Este hallazgo abre una "ventana crítica" para intervenciones nutricionales que podrían tener efectos positivos a largo plazo.
Claves de la noticia
Investigación multidisciplinaria
Impacto en salud materno-infantil
Intervención nutricional recomendada
La importancia de la microbiota materna
El estudio se centra en el papel que desempeña la microbiota durante el embarazo y el periodo postparto. Aunque ya se conocía que el embarazo afecta al sistema cardiovascular, no estaba claro cómo influían la microbiota y la dieta en este proceso. A través de una coorte longitudinal llamada PERIMYR/OralBioBorn, los investigadores recolectaron muestras de sangre, saliva y heces tanto de las mujeres embarazadas como del cordón umbilical de sus bebés. Además, se realizaron ecocardiografías a las madres y a los recién nacidos tras el parto.
Las evaluaciones se llevaron a cabo en cuatro momentos clave: durante el tercer trimestre del embarazo (entre las 30 y 35 semanas) y posteriormente a uno, seis y doce meses después del parto. Un subgrupo participó en una intervención educativa sobre alimentación que promovía la dieta mediterránea, respaldada por un manual y boletines mensuales.
Resultados significativos para la salud futura
Los resultados iniciales sugieren una conexión entre las bacterias presentes en saliva y heces con la salud cardíaca. Según Juliana Morais, investigadora principal, esta investigación ha demostrado cómo interactúan las bacterias orales e intestinales con adaptaciones fisiológicas durante el embarazo y el postparto.
Además, se exploró cómo el riesgo cardiometabólico puede transmitirse intergeneracionalmente mediante ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y adipocinas transferidas de madre a hijo. Las conclusiones indican que la salud cardiometabólica materna está asociada con los AGCC producidos por las bacterias intestinales, así como con dos adipocinas específicas medidas en sangre del cordón umbilical.
Juliana Morais destaca que tanto los AGCC como las adipocinas pueden servir como biomarcadores potenciales para monitorear la salud materna e infantil, lo que podría ser crucial para profesionales sanitarios como nutricionistas. Ella enfatiza que es fundamental abordar la salud femenina no solo durante el embarazo, sino también a lo largo del periodo postparto, dado que ambas fases son críticas para entender y modificar riesgos cardiometabólicos futuros.
Finalmente, se subraya la necesidad de enfoques integrativos que combinen análisis de microbiota, evaluación nutricional y cardiovascular para reflejar mejor la complejidad biológica de la salud materno-infantil a lo largo del tiempo. Este trabajo fue presentado públicamente por primera vez en abril en FMUP e involucró a otros científicos destacados del ámbito nacional.
La coorte PERIMYR/OralBioBorn sigue reclutando mujeres embarazadas. Para más información, se puede contactar a través del correo electrónico [email protected].

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