En el contexto de la celebración del centenario de Álvaro Cepeda Samudio, la Universidad del Norte llevó a cabo una sesión especial del programa «El Poder de la Lectura». Este evento, realizado el 16 de abril en la sala Tita Cepeda de la Biblioteca Karl C. Parrish Jr., sirvió para relanzar la obra Todos estábamos a la espera, un libro que originalmente vio la luz en 1954 y que reunió a expertos y familiares para reflexionar sobre la relevancia de un autor que revolucionó la narrativa colombiana.
El rector Adolfo Meisel Roca inauguró el encuentro subrayando el impacto de la literatura en el desarrollo del pensamiento humano. Definió a Cepeda Samudio como «un motor de creatividad, un catalizador de la cultura del Caribe y del país». En su discurso, destacó que mientras otras disciplinas pueden fallar en capturar lo esencial de nuestra existencia, «la materia que estudia la novela es la condición humana; eso no lo estudia ninguna ciencia social, eso lo estudia la literatura».
Una obra innovadora en el panorama literario
La directora editorial de Uninorte, Alexandra Vives, junto con Alana Farrah, profesora y directora del Programa de Eficacia Comunicativa, exploraron los elementos vanguardistas presentes en el libro. Vives describió esta obra como «rara, distinta, única» dentro del ámbito literario nacional. Al abordar las críticas sobre una supuesta imitación a autores extranjeros, enfatizó: «Álvaro Cepeda Samudio no copió a los americanos; él convivió con ellos en un mismo tiempo donde recibió influencias».
Farrah también analizó cómo se presenta la ciudad en los relatos, sugiriendo que para Cepeda Samudio «la ciudad es un espacio no solo físico; es donde los seres humanos se cruzan por un instante». Además, destacó que los textos demandan una exigencia técnica considerable al lector: «Este necesitará trabajar más, completar las elipsis y esos momentos que no se cuentan».
Un legado perdurable
Todos estábamos a la espera, el primer libro de cuentos de Cepeda Samudio, se considera fundamental en la narrativa colombiana del siglo XX. Esta obra rompió con el costumbrismo rural predominante en su época e introdujo un modernismo urbano influenciado por autores norteamericanos contemporáneos como Hemingway. La mayoría de los relatos fueron escritos durante su estancia en Nueva York, donde el autor experimentó una profunda sensación de soledad y angustia entre personajes anónimos que comparten un sentimiento colectivo de espera.
La técnica narrativa empleada es notablemente cinematográfica; utiliza diálogos directos y transiciones oníricas que requieren un lector activo capaz de llenar los vacíos narrativos. Uno de los momentos más emotivos del evento fue cuando Tita Cepeda, viuda del escritor y gestora cultural, compartió sus recuerdos sobre el proceso creativo del autor. Meisel elogió su perseverancia al referirse a ella como un «ejemplo» para todos.
Custodios culturales
Tita relató cómo escribir su primer libro fue una experiencia intensa para Cepeda Samudio: «me mortificó», confesó. Su inmersión en el proceso creativo lo hacía inalcanzable en ciertos momentos. También vinculó su obra literaria con su producción cinematográfica surrealista, cuestionando si esa obsesión era parte integral de su arte. Recordó que detrás de cada texto había una preocupación constante por la historia y la justicia social, especialmente respecto a eventos trágicos como la Masacre de las Bananeras.
El coloquio finalizó reafirmando que cada lector se convierte ahora en un guardián de este patrimonio cultural. Como bien apuntó Tita Cepeda: «todo aquel que se siente a escribir algo inspirado por Cepeda es un cuidador de su legado». La nueva edición conmemorativa, ilustrada por Gonzalo Fuenmayor, ya está disponible para conectar nuevamente el genio literario de 1954 con las nuevas generaciones.