La Sierra Minera de Cartagena-La Unión está experimentando un notable proceso de recuperación tras años de degradación a causa de la actividad minera. Desde que se detuvo la minería en los años 90, esta zona ha sufrido una severa contaminación del suelo, caracterizada por la presencia de metales pesados, la falta de vegetación y una grave acidificación. Sin embargo, en la actualidad, el paisaje comienza a transformarse con el retorno de la vegetación y la fauna a áreas que anteriormente eran inhóspitas.
Un equipo multidisciplinario de investigadores de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) está llevando a cabo un proyecto denominado InBestSoil, financiado por la Unión Europea con un presupuesto de 4,5 millones de euros. Este esfuerzo tiene como objetivo principal “dar un valor económico a los servicios ecosistémicos que derivan de un suelo saludable”, según afirma Virginia Sánchez, investigadora del grupo Gestión, Aprovechamiento y Recuperación de Suelos y Aguas (GARSA). “Buscamos incluir el concepto de suelo saludable tanto en el ámbito empresarial como en la formulación de políticas”, añade.
Retornos económicos y beneficios para la comunidad
Los investigadores explican que “por cada inversión realizada en cada hectárea afectada por la actividad minera hay un retorno”. En este sentido, Francisco Alcón y Jorge Sánchez, del grupo de Economía Agraria, destacan que su trabajo se centra en asignar un valor económico a los servicios ecosistémicos proporcionados por suelos saludables. “Esto fomentará su conservación y restauración”, indican. Según las primeras conclusiones del proyecto, “la intervención tiene un coste aproximado de 4.000 euros por hectárea al año, pero genera beneficios estimados en 23.000 euros por hectárea al año”.
La recuperación actual se basa en experiencias previas desarrolladas por la UPCT. En proyectos anteriores, el equipo creó tecnosuelos, es decir, suelos artificiales elaborados con residuos locales como purines y estiércol mezclados con restos de mármol. “Hemos logrado aumentar el pH del suelo para bloquear metales, reduciendo así los niveles de plomo, zinc o cadmio”, explica el profesor Raúl Zornoza, también parte del grupo GARSA.
Cobertura vegetal y biodiversidad en aumento
El objetivo primordial era evitar que los suelos continuaran siendo ácidos y que los metales pudieran movilizarse durante episodios de lluvia, lo cual representa un riesgo para la salud humana. “Hoy contamos con un 80% de cobertura vegetal y hemos reducido considerablemente el riesgo para la población”, enfatiza Zornoza.
A estos tecnosuelos se les han aplicado técnicas de fitoestabilización mediante plantas tolerantes a metales para mejorar aún más la salud del suelo. Estas técnicas fueron desarrolladas durante el proyecto LIFE+ MIPOLARE en 2012. Como resultado, ha disminuido notablemente la disponibilidad de plomo, cobre, zinc y cadmio, mejorando así los indicadores de salud del suelo y favoreciendo el crecimiento vegetal.
La recuperación ecológica ya es visible; además del regreso de la vegetación, se observan rastros de fauna donde antes no había vida animal debido a la contaminación. “Ahora vemos una mayor biodiversidad con insectos, conejos e incluso huellas de zorros y otros mamíferos”, destaca Zornoza.
Resultados esperados y futuro del proyecto
Virginia Sánchez señala que los resultados finales del proyecto comenzarán a ser evidentes en los próximos meses, consolidando así las pruebas científicas sobre la eficacia de estas estrategias restaurativas.
El presidente de la Fundación Sierra Minera, Pedro Martos, resalta el impacto positivo del proyecto: “Este esfuerzo demuestra que restaurar suelos genera valor ambiental, social y económico”. Martos lamenta las alteraciones paisajísticas y el impacto ambiental causado por las actividades mineras durante el siglo XX. Subraya: “Es crucial aprender de todas las acciones realizadas hasta ahora y desarrollar un plan ambicioso no solo para esta cuenca vertiente al Mar Menor sino también para toda la región mediterránea”.
El proyecto InBestSoil involucra a 19 socios provenientes de 10 países diferentes y abarca análisis sobre suelos urbanos, mineros, agrícolas y forestales en diversas regiones europeas: continental, boreal, atlántica y mediterránea. La UPCT coordina específicamente el paquete dedicado a valorar económicamente los servicios ecosistémicos del suelo.
Este ambicioso proyecto comenzó en 2023 y se espera que finalice en diciembre próximo. Entre sus participantes se encuentran destacados catedráticos como Raúl Zornoza y Francisco Alcón junto con otros investigadores especializados en edafología y economía agraria.