Un estudio reciente revela que las bajas temperaturas y las altas concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO?) pueden contribuir a un aumento en la frecuencia de las crisis epilépticas. Esta investigación, llevada a cabo por la Universitat de Lleida (UdL) y el Institut de Recerca Biomèdica de Lleida (IRBLleida), ha analizado los factores ambientales relacionados con 4,755 ingresos hospitalarios por esta patología en las comarcas de Ponent durante una década, entre 2010 y 2019. Estos casos representan un 0.52% del total de visitas a Urgencias.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Frontiers in Public Health, donde se destaca la importancia de considerar variables meteorológicas y contaminantes atmosféricos al estudiar los ingresos por convulsiones. Según el profesor Oriol Yuguero de la UdL, “mientras que las causas subyacentes de la epilepsia son diversas, existe un creciente interés científico en cómo factores externos no genéticos, como el clima y la calidad del aire, pueden influir en su manifestación clínica”.
Factores Ambientales y Crisis Epilépticas
El equipo investigador analizó datos como temperatura, presión atmosférica, humedad, precipitaciones e irradiación solar. En cuanto a los contaminantes del aire, además del NO?, se consideraron las partículas en suspensión (PM10), el monóxido de carbono (CO), el ozono (O?) y el dióxido de azufre (SO2). Los resultados indican que la frecuencia de convulsiones aumenta durante los meses más fríos y en períodos con mala calidad del aire.
En particular, se observó que temperaturas extremadamente bajas (por debajo del 2.5 percentil) y altas concentraciones de NO? (por encima del 99 percentil) están asociadas con un incremento del riesgo relativo de crisis epilépticas que puede llegar hasta el 40-42%. La investigadora Cecilia Llobet, primera autora del artículo y miembro del grupo ERLab, enfatiza: “Es fundamental tener esto en cuenta tanto en la investigación como en las estrategias de salud pública dirigidas a poblaciones vulnerables”.