Lo que se desecha revela nuestra forma de vida, las desigualdades y aquello que preferimos no mirar. Así lo plantea el documental Juan Perros, dirigido por Rodrigo Ímaz, que propone modos de habitar el mundo basados en el cuidado, la resistencia y una ética profunda fuera de la norma dominante.
Exhibición del Documental en la UAM
La Casa de la Primera Imprenta de América de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) fue el escenario de una función especial del mencionado cortometraje. Esta exhibición, que tuvo lugar en el marco de la exposición Latas de Palestina, también del autor, permitió abrir un espacio para analizar la marginalidad y las formas alternativas de habitar el mundo.
La articulación entre ambas propuestas evidenció la coherencia de una obra que transforma los desechos en archivo social y herramienta crítica para interpretar nuestro entorno, creando un puente entre cine, arte contemporáneo y pensamiento académico.
El Encuentro Decisivo con Juan
Durante la presentación, Ímaz compartió que el cortometraje nació a partir de su experiencia en el desierto de Cuatro Ciénegas, Coahuila, donde participó en un proyecto de educación ambiental. Allí conoció a Juan, un hombre que vive entre residuos, clasifica basura y cuida animales, sosteniendo una filosofía de vida alejada de la lógica urbana.
El director enfatizó que este encuentro fue crucial. Su interés por la basura y el reciclaje no surgió como una estrategia estética, sino como una exigencia ética. La idea era inconsistente hablar sobre conciencia ambiental mientras se generaban más desechos. De esta tensión emergió su búsqueda del basurero y, con ello, descubrió una forma de vida que transformó su práctica artística.
Una Mirada Empática hacia Juan
Juan Perros no es un retrato convencional; Ímaz subrayó que nunca vio a Juan como un “personaje”, sino como un amigo y maestro. La relación se construyó a través del tiempo, mediante convivencia diaria, trabajo compartido y respeto mutuo. Esta cercanía se traduce en pantalla con una mirada empática, evitando la exotización o condescendencia, donde la cámara acompaña más que observa.
Aparte de su valor cinematográfico, el filme posee una dimensión antropológica al mostrar cómo un individuo se adapta a un entorno inhóspito y crea una comunidad humana y animal desde los márgenes. La basura se convierte así en sustento, memoria y lenguaje.
Análisis Crítico en Latas de Palestina
Años después, Ímaz trasladó esta metodología al proyecto Latas de Palestina, donde analiza objetos recolectados en la frontera entre territorios palestinos e israelíes. Documenta cómo incluso los materiales reciclables están impregnados por relaciones de poder y legalidad. Este gesto conecta con lo aprendido junto a Juan: observar los desechos como un mapa social y político.
Juan Perros, estrenado en el Festival Internacional de Cine de Morelia donde ganó el premio a Mejor Cortometraje Documental en 2016, ha sido proyectado en diversos festivales internacionales. Su duración responde a decisiones éticas; algunas revelaciones sobre la violencia sufrida por Juan fueron excluidas del montaje final para proteger su vida ante un contexto regional marcado por el crimen organizado.
Devolución Simbólica a la Comunidad
La proyección en la Casa de la Primera Imprenta también tuvo un carácter simbólico importante. Como relató Ímaz, uno de los momentos más significativos del proyecto fue mostrar el documental dentro de la propia comunidad de Juan, permitiendo así reconocer su voz y forma de vida.
Cerrando el encuentro, Antonio Zirión Pérez, titular de la Casa de la Primera Imprenta, destacó el sentido profundo detrás de esta presentación. Subrayó que el documental invita a dirigir nuestra atención hacia aquello que suele quedar fuera del foco: los márgenes, los desechos y las vidas que no encajan en relatos dominantes.
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