Un reciente estudio ha revelado que los pueblos iberos que habitaron el actual territorio catalán durante la Edad del Hierro, entre 800 y 100 a.C., mantuvieron su identidad genética sin cambios significativos a lo largo de seis siglos. Esta investigación, en la que participó la Universidad de Lleida (UdL), se publicó en la revista iScience y fue liderada por un equipo de Antropología Biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). El análisis se centró en el genoma de 54 restos perinatales y de recién nacidos hallados en diversas fortificaciones ibéricas.
Claves de la noticia
Mantienen identidad genética
Los iberos no cambiaron su ADN durante seis siglos.
Influencia romana posterior
La llegada de los romanos introdujo nuevas influencias genéticas.
Estudio multidisciplinario
Colaboración con varias universidades y museos.
El trabajo proporciona una visión general sobre los ancestros genéticos, las mezclas y las dinámicas demográficas en la región hace entre 2.700 y 2.100 años. Dado que los iberos incineraban a sus muertos, los restos óseos de neonatos y fetos encontrados bajo estructuras domésticas representan una valiosa fuente de información biológica. De los 54 individuos analizados inicialmente, solo 36 ofrecieron suficiente ADN para llevar a cabo un análisis detallado.
Análisis de los resultados del estudio
Los hallazgos confirman que, a pesar de coexistir con culturas como los tartesios y celtíberos, así como recibir influencias culturales de fenicios, griegos y cartagineses, los cambios genéticos en las poblaciones iberas fueron muy graduales. En los tres sitios arqueológicos investigados, se evidenció una alta diversidad de linajes mitocondriales asociados principalmente con Europa occidental y relacionados con la expansión agrícola del Neolítico.
Este estudio también refuerza la idea de que la cultura ibera no surgió a partir de una migración masiva, sino que emergió de las comunidades locales preexistentes. Todos los individuos estudiados presentaban perfiles genéticos característicos de poblaciones prehistóricas peninsulares: cazadores-recolectores occidentales, agricultores neolíticos anatólicos y grupos esteparios del Bronce.
Implicaciones del estudio para el conocimiento histórico
Las muestras obtenidas en el sitio de Vilars permitieron observar la transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro; mientras que las procedentes de Olèrdola reflejan la consolidación durante esta última época. En el Camp de les Lloses se identificó una influencia mediterránea significativa. La profesora Natalia Alonso, experta en Prehistoria de la UdL, destacó que entre 700 y 550 a.C. se encontraron evidencias materiales que indican esta influencia fenicia, incluyendo joyas y cerámica. A partir del período 550-450 a.C., también aparecieron objetos púnicos y griegos junto con artefactos con influencia mediterránea.
Este trabajo representa un avance significativo en nuestra comprensión sobre el origen y evolución de las comunidades ibéricas durante la Edad del Hierro. Además, contó con la colaboración de investigadores provenientes de universidades como Granada, Adelaida (Australia) y Copenhague (Dinamarca), así como instituciones como el Museo Arqueológico de Cataluña.
Preguntas sobre la noticia
¿Qué revela el estudio sobre la identidad genética de los iberos catalanes?
El estudio indica que los pueblos iberos que ocupaban el territorio catalán durante la Edad del Hierro mantuvieron su identidad genética sin grandes cambios a lo largo de seis siglos, hasta la llegada de los romanos, quienes introdujeron nuevas influencias en el ADN.
¿Cómo se llevó a cabo el análisis genético en este estudio?
Se analizaron 54 muestras de ADN de nadones y perinatales de varios yacimientos ibéricos. De estas, solo 36 ofrecieron suficiente ADN para un análisis detallado, proporcionando información sobre la diversidad genética y las dinámicas demográficas de la región.
¿Cuál es la importancia de las muestras encontradas en los yacimientos?
Las muestras permiten observar la transición cultural y genética desde la Edad del Bronce a la Edad del Hierro, confirmando que la cultura ibera emergió de poblaciones locales preexistentes y no a partir de migraciones masivas.