La militar estadounidense, reconocida por su poder y presencia global, opera desde al menos 128 bases en 51 países. Sin embargo, detrás de esta formidable estructura se encuentra un aspecto poco conocido: el surgimiento de una industria crucial para su funcionamiento. Este sector, que hoy es fundamental para las operaciones militares, tuvo sus inicios en el ámbito militar.
Según Chris Caplice, director ejecutivo del MIT Center for Transportation and Logistics (CTL), “la logística comenzó como una función militar”. La esencia de la logística radica en la capacidad de llevar suministros, municiones y alimentos a la primera línea, un concepto que ha evolucionado hacia lo que hoy conocemos como cadena de suministro a lo largo de los años.
La colaboración entre el MIT CTL y el ejército estadounidense se formalizó en 2006 con el lanzamiento del programa de Military Fellows, donde tres oficiales de logística militar participan en el máster en gestión de cadenas de suministro del MIT. Caplice señala que “la educación va en ambas direcciones”: los oficiales, con más de 20 años de servicio, tienen la oportunidad de explorar investigaciones avanzadas centradas en el sector privado, mientras que los estudiantes del MIT pueden aprender directamente de ellos.
Experiencia y Aprendizaje en el Programa Militar
El grupo actual cuenta con un impresionante total de 80 años de experiencia militar combinada. Está formado por Lukas Toth del Ejército Reserva, Duston Mullen de la Guardia Nacional del Ejército de Dakota del Sur y Charles Greene del Ejército Activo. A pesar de sus diferentes roles dentro del ejército, todos coinciden en que su experiencia hasta ahora ha sido enriquecedora.
Toth comenta entre risas: “Todos los estudiantes del MIT SCM tienen sólidos antecedentes académicos y son excepcionalmente mejores en matemáticas que nosotros”. Para él, estar rodeado de jóvenes motivados por hacer un cambio significativo no solo en sus vidas, sino también en el mundo es una experiencia gratificante.
Mullen añade que la adversidad es precisamente lo que les llevó a convertirse en oficiales logísticos: “Como se dice, operar es fácil, luchar es fácil, pero la logística es difícil”. Los oficiales logísticos son responsables de múltiples funciones críticas, desde alimentar a los soldados hasta gestionar la distribución y almacenamiento.
Desafíos Únicos para la Logística Militar
Greene explica que su trabajo se centra en cómo habilitar al combatiente para entregar lo necesario cuando el país lo requiere. Esto implica asegurar que la cadena de suministro funcione con precisión y eficacia. A diferencia del sector civil, donde las empresas buscan optimizar costos y eficiencia, los oficiales logísticos enfrentan desafíos adicionales: “Ese último tramo podría ser un tramo disputado”, advierte Toth. “Mientras que los consumidores civiles desean un producto específico, nuestros combatientes deben superar competidores dispuestos a destruirnos”.
A pesar de su vasta experiencia práctica en el ámbito militar, estos oficiales encuentran valor académico al introducir nuevas tecnologías y mejorar la comunicación con líderes militares superiores. En este contexto crítico, donde las decisiones pueden tener consecuencias significativas, mejorar la comunicación resulta esencial.
Toth concluye reflexionando sobre cómo esta experiencia les ayuda a comunicarse mejor con la industria y a construir una red logística robusta: “Si surge algún desafío para nuestro país, podremos comunicarnos eficazmente para resolver esos problemas”.