Julia González Contreras, una madre, abuela y esposa de 57 años, ha decidido dar un giro a su vida al ingresar a la Universidad de Chile para estudiar Trabajo Social. Desde que terminó el colegio en 1986, casi cuatro décadas después, se encuentra a punto de iniciar su tercer año universitario. Este nuevo capítulo también la ha llevado a convertirse en monitora de admisión, donde busca guiar a otros en su camino hacia la educación superior. “Estudiar me ha abierto nuevos mundos y quiero lo mismo para otras mujeres de mi edad”, afirma con entusiasmo.
En su reciente participación en la Semana de las y los Postulantes de la Universidad de Chile, Julia tuvo la oportunidad de orientar a jóvenes interesados en ingresar a la educación superior. “Ha sido fascinante. Los jóvenes llegan con mucho temor y sin conocimientos sobre la carrera. Cuando les muestro cómo es y lo enamorada que estoy de ella, sus ojos brillan y cambian por completo”, comparte emocionada.
La decisión de volver a estudiar fue impulsada por sus hijos, quienes le pidieron que lo hiciera. A pesar del miedo inicial, Julia se inscribió en un preuniversitario y logró ser admitida en la universidad. “Mis hijos estaban felices y celebramos juntos porque había quedado en la Chile. Para mí y para ellos, fue un gran orgullo”, recuerda con una sonrisa.
Cambio de vida y nuevas experiencias académicas
La vida diaria de Julia ha cambiado significativamente desde que comenzó sus estudios. “He modificado mi estilo de vida; ya no hago tantas cosas en casa. Mis hijos son mayores y nos repartimos las tareas del hogar”, explica. Antes cocinaba todos los días, pero ahora llega a casa y es atendida por su familia.
Sobre su experiencia como estudiante, destaca: “Ha sido magnífica y renovadora; siento que rejuvenecí”. Aunque al principio le costó adaptarse tras tantos años sin estudiar, poco a poco encontró su ritmo gracias al apoyo de sus compañeros y profesores. “Fue un esfuerzo conjunto entre mi familia, mis compañeros y los académicos”, añade.
Un nuevo rol: monitora de admisión
Convertirse en parte del equipo de monitores de la Universidad no fue fácil para Julia. Al principio sentía miedo: “Pensé, ¿cómo voy a ser monitora? Pero decidí que si podía entrar a estudiar a los 55 años, también podía asumir este nuevo desafío”. Su motivación radica en invitar a los jóvenes a explorar una carrera que considera hermosa.
Las preguntas más frecuentes que recibe son sobre el campo laboral y las prácticas profesionales. “Los postulantes quieren saber si realmente me gusta mi carrera, y mi respuesta es un rotundo sí”, afirma con convicción. Además, desea transmitirles la idea de que hay mucho más allá del hogar: “Quiero que tengan esa experiencia enriquecedora que he vivido yo”.
Un mensaje inspirador para mujeres adultas
Aunque aún no ha orientado a personas mayores en este proceso, Julia envía un mensaje claro: “Nunca es tarde para estudiar”. Utiliza una frase familiar para enfatizar su punto: “No hay peor trámite que el que no se hace”. Su objetivo es mostrarles a las mujeres adultas que abrir la puerta de su casa puede llevarlas hacia un mundo lleno de oportunidades educativas.
“Quiero que más mujeres de mi edad puedan estudiar y mirar hacia adelante”, concluye Julia con determinación. Su historia es un testimonio poderoso sobre cómo nunca es tarde para aprender y crecer.