En Japón, cada abril se celebra una tradición conocida como “hanami”, que consiste en disfrutar de un picnic bajo los cerezos en flor. Sin embargo, esta costumbre tiene un propósito adicional: la presencia de personas en estas reuniones, a menudo cerca de cuerpos de agua, ayuda a consolidar las orillas de los ríos y protegerlas de inundaciones primaverales. Así, esta festividad aborda, aunque sea de manera gradual, la amenaza de desastres naturales.
La práctica de diseñar estructuras que también sirvan para prevenir desastres es evidente en todo Japón. Por ejemplo, muchas escuelas nuevas o renovadas incorporan características arquitectónicas poco comunes en otros lugares del mundo. En Tokio, una escuela primaria cuenta con una piscina en el techo que almacena agua utilizada para el sistema de plomería del edificio. Además, dispone de un tanque de recolección de aguas pluviales y escaleras exteriores que conducen a un amplio balcón que rodea uno de los lados del edificio.
Diseño anticipatorio frente a desastres
La razón detrás de estos diseños es clara: Japón es propenso a desastres naturales como tsunamis, terremotos e inundaciones. Las escuelas a menudo funcionan como refugios para los residentes locales, y las prácticas de diseño reflejan cada vez más esta realidad. En tiempos normales, la piscina del techo se utiliza para clases de natación y contribuye a mantener fresca la escuela; el gran balcón sirve para que los espectadores disfruten de eventos deportivos escolares. En situaciones de emergencia, el almacenamiento de agua se vuelve crucial y las escaleras exteriores facilitan el acceso rápido al gimnasio, ubicado en el segundo piso, garantizando así la seguridad de los evacuados durante inundaciones.
En un distrito tokiota, la energía solar en techos se ha vuelto común. Algunas escuelas cuentan con tragaluces y patios que permiten la entrada de luz natural. Estas características arquitectónicas cumplen funciones duales: la energía solar reduce costos operativos anuales y proporciona electricidad incluso en caso de fallos en la red eléctrica.
Un enfoque proactivo hacia la resiliencia
Estos ejemplos son parte del concepto denominado “diseño anticipatorio”, acuñado por la académica del MIT Miho Mazereeuw. Este enfoque implica construir estructuras y espacios con usos duales: tanto para la vida cotidiana como para situaciones críticas.
“La idea es implementar medidas proactivas en lugar de reaccionar solo después de que ocurra un desastre”, explica Mazereeuw, profesora asociada en el Departamento de Arquitectura del MIT y experta reconocida en diseño resiliente.
Mazereeuw ha publicado recientemente un libro titulado “Design Before Disaster: Japan’s Culture of Preparedness”, editado por la Universidad de Virginia. A partir de años de investigación y numerosas ilustraciones, examina ejemplos exitosos del diseño japonés tanto desde sus características arquitectónicas como desde el proceso cívico que las generó.
Cultura japonesa de preparación ante desastres
"Espero que pueda haber un cambio cultural", señala Mazereeuw. "Donde sea posible crear resultados diseñados que ayuden a la sociedad a ser más resiliente sin incurrir en costos exorbitantes". El objetivo es diseñar espacios excepcionales que integren infraestructura flexible para afrontar eventos como inundaciones o terremotos.
Mazereeuw ha dedicado más de 30 años al estudio de la preparación ante desastres y forma parte del Laboratorio Urbano del MIT. Su trabajo incluye colaboraciones con comunidades alrededor del mundo para planificar resiliencia ante crisis climáticas.
Japón posee una cultura bien establecida sobre preparación ante desastres, conocida como “bosai”. Desde los años noventa, Mazereeuw ha investigado detenidamente las prácticas japonesas visitando cientos de sitios y dialogando con funcionarios, diseñadores y ciudadanos.
Diseño comunitario e integración social
Mazereeuw destaca que uno de los temas centrales del libro es conectar enfoques top-down (de arriba hacia abajo) con bottom-up (de abajo hacia arriba). “Algunas buenas ideas provienen tanto de planificadores y arquitectos como también grupos comunitarios”, aclara.
A pesar del fuerte compromiso gubernamental japonés con la investigación y recuperación ante desastres, Mazereeuw enfatiza que otros países pueden adoptar estas estrategias sin necesidad de grandes inversiones económicas si se realiza un diseño cuidadoso mediante participación comunitaria.
Por ejemplo, dedica un capítulo a parques públicos que sirven como principales espacios de evacuación durante emergencias. Muchos cuentan con instalaciones para cocinar al aire libre utilizadas normalmente para barbacoas o eventos comunitarios pero también están disponibles en situaciones críticas. Algunos parques disponen además almacenamiento hídrico o instalaciones sanitarias ampliables según sea necesario.
Sostenibilidad y estética en el diseño urbano
"Las instalaciones para barbacoa son un gran ejemplo del uso dual", comenta Mazereeuw. "Conectan lo cotidiano con la preparación ante desastres". Al familiarizarse con estos espacios recreativos se establece una conexión cognitiva sobre dónde dirigirse durante una emergencia.
Mazereeuw también analiza pequeños parques urbanos llenos herramientas útiles para mejorar la resiliencia comunitaria. “El diseño anticipatorio no tiene por qué ser monumental”, afirma en su libro.
Navegando desafíos mediante el diseño colaborativo
No obstante, algunas medidas para mitigar desastres pueden resultar complicadas. En el distrito Naiwan de Kesennuma, tras la devastación causada por el tsunami en 2011, se propuso construir un dique como parte del plan reconstructivo; sin embargo, algunos residentes mostraron reticencias debido al posible acceso limitado al océano. Después de prolongadas negociaciones, los diseñadores lograron integrar el dique dentro duna nueva zona comercial con cafés y tiendas junto a áreas públicas accesibles al agua.
"Este proyecto utilizó el poder del diseño para negociar entre regulaciones prefecturales y locales", explica Mazereeuw sobre este proceso colaborativo entre seguridad estructural y estética urbana.
Apreciación internacional por el trabajo realizado
Diversos académicos han alabado “Design Before Disaster”. Daniel P. Aldrich, profesor en Northeastern University, lo describe como una "investigación bien documentada" sobre prácticas japonesas en gestión ante desastres; considera que cualquier persona interesada en proteger comunidades aprenderá algo valioso al leerlo.
Mazereeuw concluye afirmando: "Podemos aprender del ejemplo japonés sin simplemente copiarlo; este libro busca ayudar a entender su esencia para fomentar culturas propias sobre preparación ante desastres". Asegura que esto debe ser un esfuerzo colectivo donde todos desempeñan un papel activo.