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Integridad científica

La importancia de la integridad científica en la actualidad

La importancia de la integridad científica en la actualidad

Por Gonzalo Gómez-del Estal
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gonzaloiymagazinees/7/7/18
miércoles 28 de enero de 2026, 12:02h

La integridad científica es esencial en la investigación actual, enfrentando presiones y pseudociencias. Se promueve una cultura de buenas prácticas para fortalecer la confianza en la ciencia.

La integridad científica: un pilar fundamental en la investigación actual

En un contexto donde la producción científica enfrenta múltiples presiones y las teorías pseudocientíficas proliferan en redes sociales, la integridad científica se erige como uno de los pilares esenciales de la confianza en la ciencia. Este tema es abordado en el libro L’intégrité scientifique. Sociologie des bonnes pratiques, escrito por Catherine Guaspare y Michel Dubois, que será publicado por las ediciones PUF en 2025.

Un consenso institucional sobre la integridad científica

La integridad científica ha pasado a ser una prioridad para las instituciones académicas y de investigación. Más allá de detectar y tratar las malas prácticas, muchos organismos de enseñanza superior comparten el objetivo común de fomentar una cultura de buenas prácticas en la investigación.

Es interesante contextualizar esta cultura desde una perspectiva histórica. La atención actual hacia la integridad no es más que un momento dentro de una historia más amplia relacionada con las regulaciones sobre conductas científicas. Investigadores como Montgomery y Oliver han propuesto dividir esta historia en tres grandes períodos: el primero, antes de los años 70, caracterizado por la autorregulación; el segundo, entre 1970 y 1990, centrado en la detección y prevención del fraude; y finalmente, desde los años 90 con la creación del Office of Research Integrity, que marcó el inicio de una era dedicada a promover la integridad científica.

Evolución y retos actuales en la investigación científica

A pesar de que este relato histórico puede ofrecer perspectivas valiosas, también presenta limitaciones. Sugiere erróneamente que hasta los años 70, la comunidad científica podía definir sus propias normas sin intervención externa. Sin embargo, las regulaciones sobre investigación biomédica comenzaron mucho antes, con hitos como el Código de Nuremberg (1947) y la Declaración de Helsinki (1964), que sentaron bases sólidas para proteger a los sujetos humanos involucrados en investigaciones.

Además, se ha observado que tanto la detección del fraude como la promoción de buenas prácticas no deben considerarse como retrocesos para la autonomía científica. Las transformaciones institucionales recientes, como la adopción de la carta nacional de ética para profesiones científicas en 2015, han sido impulsadas por miembros activos de la comunidad científica misma.

Crecimiento exponencial y desafíos éticos en el ámbito científico

A medida que avanza el siglo XXI, es evidente que la comunidad científica ha crecido significativamente. Según un informe de UNESCO, entre 2014 y 2018, el número de investigadores aumentó tres veces más rápido que la población mundial, alcanzando más de ocho millones a nivel global.

No obstante, este crecimiento plantea serios desafíos para mantener altos estándares de integridad. Con un volumen creciente de publicaciones científicas —que aumentó un 21% entre 2015 y 2019— surge la pregunta sobre quién puede garantizar su fiabilidad. La crisis provocada por COVID-19 evidenció aún más estas tensiones al provocar un aumento sin precedentes en las publicaciones.

Nuevas dinámicas colaborativas y su impacto en la investigación

A medida que se expanden las redes internacionales de colaboración entre investigadores, también lo hacen las tensiones inherentes a estas interacciones. Los sentimientos de justicia e injusticia juegan un papel importante: contribuciones ignoradas o recompensas otorgadas a quienes no siguen buenas prácticas generan descontento dentro del ámbito científico.

Además, el entorno competitivo por recursos limitados puede llevar a algunos investigadores a tomar atajos poco éticos. La transformación demográfica del sector no es el único factor a considerar; también hay que tener en cuenta cómo las tecnologías digitales están cambiando drásticamente el ejercicio del trabajo científico.

Desafíos tecnológicos y dilemas éticos contemporáneos

La digitalización ha traído consigo tanto oportunidades como desafíos significativos para la integridad científica. El auge del mercado online para revistas depredadoras permite publicar artículos sin evaluaciones rigurosas. Asimismo, algunas estructuras comerciales utilizan herramientas digitales para crear artículos fraudulentos destinados a autores desesperados por publicar.

A medida que avanzamos hacia una mayor dependencia digital, surgen tensiones entre los imperativos institucionales relacionados con el almacenamiento masivo de datos y las preocupaciones éticas sobre su impacto ambiental. Esta dualidad plantea preguntas difíciles: ¿debe priorizarse siempre la integridad científica frente a otras consideraciones éticas?

Conclusión: Hacia una cultura integral en ciencia e investigación

Los científicos enfrentan dilemas complejos diariamente mientras navegan entre exigencias contradictorias relacionadas con su trabajo. En este sentido, es crucial que las instituciones promuevan una cultura integral que no solo cumpla con los estándares formales sino que también incorpore valores sociales responsables.

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