Un nuevo avance en la lucha contra el VIH se está llevando a cabo gracias a un estudio clínico que se encuentra en su fase más avanzada. Este proyecto investiga la efectividad de un tratamiento innovador que consiste en la toma de una tableta oral al mes para prevenir la adquisición o contagio del virus.
El Hospital Universitario San Ignacio y la Pontificia Universidad Javeriana, en colaboración con la farmacéutica MSD, están participando en el estudio global de Fase 3 denominado EXPRESSIVE-11. Esta investigación tiene como objetivo evaluar tanto la eficacia como la seguridad de una nueva molécula, conocida como MK8527, como estrategia de prevención del VIH. El enfoque del estudio es comparar esta nueva molécula con el tratamiento estándar actual, que implica la ingesta diaria de una combinación de medicamentos llamada Tenofovir/Emtricitabina.
Innovación en la Administración del Tratamiento
Una de las principales innovaciones que presenta este estudio radica en su forma de administración. A diferencia del esquema actual que requiere una toma diaria, el nuevo tratamiento permitiría a los pacientes consumir solo una tableta al mes. La doctora Laura María Ahumada Soler, médico general e investigadora secundaria de la Oficina de Investigaciones del Hospital Universitario San Ignacio, explica: “Según el protocolo, este esquema mensual busca facilitar la adherencia al tratamiento y ofrecer una alternativa más cómoda y discreta para las personas que utilizan profilaxis preexposición (PrEP), una estrategia médica destinada a prevenir la infección por VIH antes de una posible exposición al virus”.
Este enfoque podría representar un cambio significativo en cómo se gestionan las estrategias preventivas contra el VIH, haciendo hincapié en la comodidad y accesibilidad para los pacientes. Con estos avances, se espera mejorar no solo la adherencia al tratamiento sino también los resultados generales en la prevención del virus.
Impacto Potencial en la Salud Pública
A medida que el estudio avanza, se anticipa que los resultados puedan tener un impacto considerable en las políticas de salud pública relacionadas con el VIH. La posibilidad de contar con un régimen mensual podría transformar las prácticas actuales y ofrecer nuevas esperanzas a quienes están en riesgo de infección.
La comunidad científica y médica observa con interés este desarrollo, ya que representa un paso adelante hacia estrategias más efectivas y sostenibles en la lucha contra el VIH. Con iniciativas como estas, se abre un horizonte prometedor para mejorar la calidad de vida de muchas personas afectadas por esta enfermedad.