Un estudio de la Universidad de Warwick sugiere que incluso las personas con un mínimo de altruismo optan por el aislamiento cuando están infectadas, lo que indica que esta podría ser una estrategia natural de supervivencia.
Reducir el contacto social es ampliamente reconocido como una forma eficaz de frenar la propagación de enfermedades. Sin embargo, dado que no hay beneficios personales inmediatos al autoaislarse, esto parece requerir cierta preocupación por los demás. La pregunta que surge es: ¿cuánto se debe preocupar uno por los demás para decidir aislarse al enfermar?
El estudio y sus hallazgos
Publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, la investigación utilizó un modelo matemático del comportamiento epidémico para demostrar que incluso aquellos con un leve sentido de altruismo —que valoran su vida como equivalente a la de aproximadamente 100,000 personas— consideran racional reducir drásticamente sus contactos sociales al estar infectados. Cuando muchos adoptan este comportamiento, se limita la transmisión del virus e incluso se previenen brotes significativos.
“No es necesario preocuparse profundamente por los demás para ayudar a detener la propagación de una enfermedad infecciosa,” afirma el profesor Matthew Turner, autor principal del estudio.
Decisiones individuales durante un brote
A través de modelos matemáticos y teoría de juegos, los investigadores analizaron cómo las decisiones individuales durante una epidemia están influenciadas por diversos factores, incluyendo el estado de infección, la preocupación por los demás, el tamaño del brote y la tasa de transmisión (R?), así como los costos asociados con contraer la enfermedad y el distanciamiento social.
Resultados y consecuencias en salud pública
Los resultados revelaron dos posibles desenlaces epidémicos. En uno de ellos, individuos infectados son lo suficientemente altruistas como para optar por un autoaislamiento agresivo, lo que suprime la enfermedad a largo plazo mientras permite a quienes no están infectados mantener su actividad normal. Este escenario se conoce como supresión indefinida.
“En teoría de juegos, estos desenlaces se denominan equilibrios de Nash —estados estables a los que las poblaciones llegan porque los individuos no pueden mejorar su situación cambiando su comportamiento individualmente,” explica el Dr. Simon Schnyder, coautor del estudio.
En el otro equilibrio, individuos infectados deciden no aislarse, dejando a quienes son susceptibles realizar todo el distanciamiento social necesario para protegerse, lo que provoca una propagación del virus hasta que se alcanza la inmunidad colectiva.
“Lo que separa estos dos equilibrios es el nivel de altruismo entre las personas —y sorprendentemente, el umbral necesario para estabilizar la supresión de enfermedades puede ser extremadamente bajo,” señala Mark Lynch, estudiante de doctorado en Warwick.
Bajo este modelo, solo se requiere un pequeño grado de preocupación por parte de los individuos infectados para lograr una supresión indefinida en lugar de depender únicamente de la inmunidad colectiva. Esto podría resultar en significativamente menos infecciones y muertes.
Implicaciones para políticas públicas
“Algunos miembros de la sociedad son inherentemente escépticos ante lo que les dicen los gobiernos, preguntándose: ‘¿Esto realmente está en mi interés?’” añade el profesor Turner.
Las conclusiones tienen implicaciones directas para las políticas sanitarias. Durante pandemias recientes, los mensajes han apelado a la empatía pidiendo a las personas que “se queden en casa para proteger a otros”. Esta investigación proporciona una base teórica para entender cuándo tales mensajes pueden ser efectivos.
“Podemos fortalecer aún más la cooperación pública comunicando tempranamente y haciendo del aislamiento algo moral y racionalmente convincente,” sostiene el profesor Ryoichi Yamamoto, de la Universidad de Kioto.
La sencillez del comportamiento previsto por el modelo —junto con los bajos niveles de altruismo requeridos— sugiere que esta respuesta podría reflejar una estrategia evolutiva en animales sociales destinada a proteger a sus parientes. Se ha observado que en otras especies animales, los individuos enfermos tienden a reducir sus señales sociales o incluso abandonan entornos grupales cuando están infectados.
"Las políticas no necesitan inventar nuevos comportamientos," concluye el profesor John Molina. "Mensajes como ‘quédese en casa para proteger a abuela’ apelaron a una tendencia altruista natural.”
"Este trabajo revela que deberías autoaislarte incluso si no te agrada mucho tu abuela," finaliza el Dr. Schnyder.
FIN
El artículo titulado ‘The Theory of Epidemics with Altruism’ ha sido publicado en PNAS. DOI: 10.1073/pnas.2518893123