En la actualidad, la decisión de quitarse el sombrero es una cuestión de preferencia personal. Sin embargo, hace 400 años, negarse a hacerlo podía considerarse un acto de resistencia política. Esta reveladora afirmación proviene de una nueva investigación publicada en The Historical Journal.
El estudio, dirigido por el profesor Bernard Capp, profesor emérito de Historia en la Universidad de Warwick y especialista en el periodo de la Guerra Civil Inglesa, revela un mundo donde el uso del sombrero tenía un significado profundo.
Un símbolo de desafío
Según el profesor Capp, “mucho antes de las guerras civiles, se esperaba que hombres y niños se quitaran el sombrero al encontrarse con un superior, ya fuera dentro o fuera de casa”. Este gesto representaba el respeto hacia la jerarquía social. Sin embargo, durante los revolucionarios años 1640 y 1650, este acto adquirió un nuevo significado como símbolo de desafío político.
“En un memorable caso de 1630, un fabricante de avena fue llevado ante un tribunal eclesiástico y se quitó brevemente el sombrero por respeto a sus jueces consejeros. Pero al enterarse de que algunos jueces también eran obispos, exclamó: ‘¡como sois trapos de la Bestia, lo! – ¡me lo pongo otra vez!’”, relata.
Estos actos no fueron excepcionales. El radical John Lilburne decidió comparecer ante la Cámara de los Lores “con mi sombrero en la cabeza y tapándome los oídos cuando lean mi acusación, en señal de detestación”. Incluso el rey Charles I mantuvo su sombrero puesto durante su juicio, desafiando así la autoridad del tribunal. Los sombreros se convirtieron en una forma de protesta.
Conflictos familiares y valores sociales
No toda la tensión relacionada con los sombreros se desarrolló en escenarios nacionales. Un conflicto familiar escaló a una batalla de voluntades centrada únicamente en el uso del sombrero. En 1659, Thomas Ellwood, un joven de 19 años, fue sometido a una especie de confinamiento cuando su padre le confiscó todos sus sombreros. Thomas pasó meses atrapado en casa “bajo una especie de confinamiento, a menos que quisiera correr por el campo sin sombrero como un loco”.
“No tiene sentido para nosotros hoy”, dice el profesor Capp. “Pero en 1659, tanto padre como hijo veían esto como algo lógico. Thomas no podía salir sin sombrero porque eso traería demasiada vergüenza sobre él y su familia”.
A medida que avanzaba el siglo XVIII, los sombreros continuaban teniendo un valor social y práctico significativo. La investigación del profesor Capp indica que ser visto sin sombrero estaba asociado con pobreza extrema y locura.
La importancia del sombrero en situaciones extremas
Análisis realizados sobre registros del Old Bailey muestran que las víctimas de robos solían suplicar más intensamente por sus sombreros que por su dinero. En un caso de 1718, un hombre rogó a los ladrones que no le quitaran su sombrero incluso después de haberle despojado de £15; sorprendentemente, los asaltantes accedieron a su petición.
No todos los delincuentes eran tan comprensivos; en 1733, una víctima se quejó amargamente tras perder tanto su sombrero como su peluca a manos de un ladrón. Posteriormente confrontó al criminal en prisión para decirle que “me habías tratado mal”. A lo cual el bandido se disculpó.
Preguntas sobre la noticia
¿Por qué era importante el uso del sombrero en Inglaterra durante los siglos XVII y XVIII?
El uso del sombrero no solo era una cuestión de moda, sino que también representaba un símbolo de estatus social y respeto. En contextos políticos, negarse a quitarse el sombrero podía ser un acto de resistencia y desafío a la autoridad.
¿Qué ejemplos históricos se mencionan sobre el uso del sombrero como protesta?
Se menciona el caso de John Lilburne, quien se presentó ante la Cámara de los Lores con su sombrero puesto como un acto de desobediencia. Asimismo, el rey Carlos I mantuvo su sombrero durante su juicio, desafiando así la autoridad del tribunal.
¿Cómo afectaba la falta de un sombrero a la percepción social en esa época?
No llevar sombrero estaba asociado con la pobreza y la locura. Las víctimas de robos a menudo expresaban más desesperación por la pérdida de su sombrero que por el dinero robado, lo que demuestra su gran valor social.