“Mañana continuamos. Ahora tengo que preparar la clase”. Esta frase, repetida con frecuencia por Paco Letamendia, se convirtió en un símbolo de su dedicación a la enseñanza. Un simple comentario que, sin embargo, interrumpía cualquier conversación o proyecto en curso, subrayando su verdadera pasión: la educación.
Paco Letamendia, un referente de la transición española y ferviente defensor de los derechos humanos, siempre encontraba tiempo para sumergirse en sus apuntes antes de cada clase. Su compromiso con el aprendizaje era casi místico, reflejando un profundo respeto por aquellos a quienes enseñaba. En un entorno académico donde muchos estudiantes suelen pasar desapercibidos, él hacía del alumnado su prioridad. Consideraba un privilegio poder observar cómo el mundo cambiaba a través de las generaciones más jóvenes.
Un legado político y académico
Como profesor emérito de Ciencia Política, Paco Letamendia creía firmemente que la política debía centrarse en la búsqueda de la felicidad colectiva. Su enfoque humanista lo llevó a destacar temas como los derechos de los “nadie”, aquellos olvidados por la sociedad. En una de sus primeras intervenciones en el Congreso español, fue el único diputado en oponerse a los Pactos de la Moncloa, abogando por el derecho a la autodeterminación y recordando a las víctimas del franquismo, como María Isabel Gutiérrez Velasco, cuya historia simboliza el sufrimiento oculto durante esa época.
Su sensibilidad hacia los grupos marginados lo llevó a llevar la enseñanza universitaria a lugares remotos. En 2012, emprendió un viaje por los Andes para establecer programas de posgrado en ciencia política, dejando una huella imborrable en su trayectoria académica. Publicó obras significativas sobre las minorías nacionales y su relación con el poder.
Un intelectual comprometido
Paco también fue un prolífico escritor cuyas obras abarcan desde estudios sobre ETA hasta análisis del sindicalismo y la cultura occidental. Su obra más ambiciosa, Cultura política en Occidente, es un exhaustivo estudio que explora cómo las expresiones artísticas y científicas se entrelazan con el poder político.
A lo largo de su carrera, Paco Letamendia no solo se destacó por su erudición sino también por su espíritu combativo. Fue conocido por sus enfrentamientos con figuras políticas como Manuel Fraga, al que calificó abiertamente como “fascista”. Además, su amor por la gastronomía lo llevó a coordinar un libro titulado Cocinas del mundo: la política en la mesa, donde exploró cómo la comida puede servir como puente para el diálogo cultural.
Un hombre multifacético
A pesar de su imagen pública fuerte y decidida, Paco también mostraba un lado más humano y juguetón en su vida privada. Recordaba con cariño sus conversaciones sobre arte con su tío Eduardo Chillida, así como su admiración por pintores como El Bosco. Para él, el arte representaba una forma de protesta contra las injusticias sociales.
Paco Letamendia dejó una profunda huella tanto en sus alumnos como en sus colegas. Su legado es recordado no solo por sus contribuciones académicas sino también por su capacidad para conectar con las personas y transformar realidades. Al reflexionar sobre su vida y obra, es inevitable imaginarlo diciendo: “mañana seguimos”, mientras continúa preparando nuevas lecciones para inspirar futuras generaciones.
Agur Ortzi!
Aurrera Bolie!
Igor Ahedo Gurrutxaga
Profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración