En el Patio de los Naranjos del Centro Cultural Las Clarisas, tuvo lugar una conferencia impartida por Higinio Marín, rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH), en el marco del 50 aniversario de la empresa GSM&B. Este evento reunió a un variado público compuesto por profesionales y empresarios, quienes se sumergieron en una profunda reflexión sobre el concepto de riqueza y su relación con el mercado y las futuras generaciones.
Durante su intervención, Marín propuso una visión renovada de la riqueza, asociándola no con la mera acumulación, sino como un dynamismo que fomenta la creación, continuidad y servicio. “La riqueza no es algo pecaminoso ni patológico”, afirmó con firmeza. Para él, representa un impulso humano natural que busca la prosperidad para los demás y garantiza un legado para las futuras generaciones.
El rector destacó una contradicción cultural que afecta a la sociedad española: aunque la riqueza tiene “mala fama” en términos públicos, en la vida cotidiana todos buscan prosperar. Esta dualidad, según Marín, proviene de una historia que asocia erróneamente la pobreza con virtud y la riqueza con abuso. “A toda riqueza se le supone un robo originario”, resumió, cuestionando así las creencias populares sobre el origen de la riqueza.
Una Nueva Perspectiva sobre el Mercado
A lo largo de su discurso, Higinio Marín también exploró el concepto de mercado desde una perspectiva antropológica. Lo definió como “el tráfico de propiedades bajo un régimen de acuerdo no violento”, destacando que este espacio es fundamental para el intercambio de bienes y saberes. En lugar de ser visto como un ámbito de abuso o desorden, enfatizó que el mercado es una forma de cooperación donde todas las partes pueden beneficiarse mutuamente.
Para ilustrar su punto, Marín relató cómo la llegada de una nueva empresa puede transformar positivamente un municipio: al establecerse una fábrica, se generan empleos y se crea una clase media antes inexistente. Así, la riqueza comienza a multiplicarse cuando se comparte y circula dentro de la comunidad.
Asimismo, subrayó que muchas interacciones en el mercado se basan en gestos cotidianos como la confianza y el reconocimiento del buen trabajo realizado. “Cuando un servicio se presta con excelencia”, dijo Marín, “quien lo recibe lo agradece y lo recomienda”. Esta dinámica no empobrece; por el contrario, promueve un ambiente de prosperidad compartida.
Riqueza: Cultivo y Continuidad
Uno de los conceptos centrales abordados por Marín fue la relación entre riqueza y continuidad. Para él, la verdadera prosperidad no radica únicamente en poseer bienes materiales, sino en hacerlos fructificar. Utilizando la metáfora de un jardín, explicó que “la riqueza es algo que se cultiva”, requiriendo atención y dedicación para garantizar su legado.
Desde esta óptica, enfatizó que la riqueza no es estática ni debe ser retenida sin propósito. La verdadera prosperidad se manifiesta cuando se transmite a las siguientes generaciones. El rector advirtió que acumular sin producir no constituye auténtica riqueza; más bien es crucial ofrecer valor a los demás mediante habilidades o conocimientos adquiridos.
“No soy más rico porque no puedo”, reflexionó Marín. “Soy muy rico porque tengo mucho que ofrecer: lo que he aprendido”. Estas formas genuinas de riqueza son esenciales aunque no siempre sean cuantificables en términos financieros.
Afrontando Desafíos Sociales: Erradicar Pobreza
Cerrando su charla, Higinio Marín abordó temas críticos relacionados con riqueza e igualdad social. Afirmó que centrarse únicamente en políticas igualitarias podría resultar contraproducente si ignora las necesidades reales de las personas. En su opinión, “no es conveniente procurar la igualdad entre todos los individuos como erradicar la pobreza”. La búsqueda forzada de igualdad puede llevar a resultados mediocres; mientras tanto, eliminar la pobreza contribuye al bienestar general.
Marín concluyó señalando que una sociedad avanza cuando aquellos que poseen recursos valiosos deciden compartirlos. De este modo, se establece un flujo continuo de riqueza capaz de beneficiar a todos. El verdadero objetivo no radica en homogeneizar a los individuos sino en asegurar que cada persona tenga acceso a vivir dignamente.
Finalmente, resaltó que nuestra responsabilidad hacia las futuras generaciones implica preparar un legado abundante para ellos. “La riqueza es continuidad”, concluyó Marín ante un auditorio atento y participativo durante el posterior coloquio sobre empresa familiar y transmisión patrimonial.