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La universidad y su papel en la defensa de la democracia según el Reitor de NOVA
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La universidad y su papel en la defensa de la democracia según el Reitor de NOVA

Por José Enrique González
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jenriqueiymagazinees/8/8/19
sábado 07 de febrero de 2026, 20:00h

El Reitor da Universidade NOVA de Lisboa destaca la responsabilidad de las universidades en la defensa de la democracia y el pensamiento crítico, enfatizando su papel como espacios de debate informado y participación cívica.

El discurso inaugural del encuentro celebrado en la Reitoria de la Universidad NOVA de Lisboa

Según el rector, “vivimos un tiempo exigente, volátil y complejo”. Este periodo está caracterizado por profundas incertidumbres sobre el presente y el futuro, así como por una creciente visibilidad de las fracturas sociales. La normalización de situaciones que antes se consideraban inaceptables ha hecho que la democracia sea vista en muchos casos como un hecho adquirido. Al mismo tiempo, la confianza en las instituciones se erosiona, dando paso a una polarización política y a un ruido mediático constante.

Este escenario también está marcado por la desinformación y el anti-intelectualismo. El valor de la ciencia y el lugar del conocimiento en el espacio público están siendo cuestionados como nunca antes. Las opiniones han comenzado a ocupar el espacio que anteriormente estaba reservado para los hechos, lo cual genera una resignación colectiva ante los impases que enfrentamos, como si nada pudiera cambiar realmente.

Responsabilidad de las universidades en tiempos difíciles

En este contexto desafiante, la universidad tiene una responsabilidad incrementada. No debe limitarse a ser un mero observador del mundo; su función es involucrarse activamente. Debe cuestionar, problematizar y desafiar la inercia existente, creando condiciones propicias para un debate informado. La universidad debe ser un espacio donde el pensamiento tenga tiempo para desarrollarse, donde la complejidad no se reduzca a simples slogans y donde la duda sea considerada un motor del conocimiento.

Además, la universidad no solo se define por su capacidad de generar conocimiento especializado, sino que debe funcionar como un espacio público cualificado. Esto implica ser un lugar de confrontación de ideas, deliberación informada y construcción colectiva. La institución educativa tiene la misión de formar no solo profesionales competentes, sino también ciudadanos libres capaces de pensar críticamente y discutir con respeto.

La paradoja actual es evidente: nunca ha habido tanta comunicación y tan poco diálogo real. La abundancia de información contrasta con la dificultad para discernir entre lo verdadero y lo falso. Aunque hay opiniones instantáneas disponibles para todos los gustos, escasea el pensamiento crítico profundo. En este sentido, el mediatismo prevalece sobre la reflexión seria, mientras que el debate público se encierra frecuentemente en identidades fijas que empobrecen las discusiones e alienan a los ciudadanos.

Afirmando el papel crucial de las universidades

En un mundo marcado por crisis climáticas, conflictos armados y desigualdades persistentes, el espacio público se vuelve cada vez más necesario pero también más vulnerable. Por ello, es imperativo que las universidades se posicionen como espacios públicos calificados donde se fomente el pensamiento crítico y se reciba adecuadamente la divergencia. Este entorno debe ser uno donde la pluralidad no sea confundida con relativismo ciego ni transformada en un campo de batalla ideológico.

La universidad debe servir al conocimiento sin cerrarse en sí misma; su objetivo debe ser poner ese conocimiento al servicio de la sociedad. En tiempos de ruido y simplificación extrema, es vital crear ritmos propios en el espacio público: momentos dedicados a la pausa, escucha y reflexión compartida. Estos espacios deben hacer vibrar el pensamiento crítico y reactivar los vínculos entre conocimiento, debate y participación cívica.

La democracia es un bien escaso que no puede darse por sentado. Es un proceso continuo que requiere vigilancia constante, pensamiento crítico y participación activa. En este sentido, las universidades tienen un papel insustituible, ya que son instituciones dedicadas al razonamiento crítico.

Si aspiramos a tener una democracia viva y dinámica, necesitamos universidades comprometidas que no se resignen ante los desafíos actuales. Universidades dispuestas a cuestionar, dialogar y afirmarse como verdaderos espacios de ciudadanía y libertad intelectual. Porque el futuro democrático depende en gran medida de cómo construyamos nuestro espacio público.

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