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Acuicultura regenerativa

Estudiante de MIT impulsa la acuicultura regenerativa en una granja de Arkansas
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Estudiante de MIT impulsa la acuicultura regenerativa en una granja de Arkansas

Por Álvaro Gómez Tornero
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alvarogomeztornerogmailcom/18/18/24
martes 17 de febrero de 2026, 19:50h
Actualizado el: 17 de febrero de 2026, 20:22h

Kiyoko Hayano, estudiante de ingeniería en MIT, colabora con Keo Fish Farms para desarrollar sistemas acuícolas regenerativos, abordando desafíos de calidad del agua y promoviendo la seguridad alimentaria en comunidades rurales.

En el ámbito académico, la innovación suele concebirse como un proceso que va del laboratorio al mercado, pasando por patentes y rondas de inversión. Sin embargo, un movimiento creciente en universidades de EE. UU. está llevando a los estudiantes hacia una nueva frontera: resolver problemas de ingeniería reales junto a comunidades rurales cuyas dificultades afectan directamente la seguridad alimentaria nacional.

Un claro ejemplo de esta transformación es la historia de Kiyoko “Kik” Hayano, estudiante de segundo año de ingeniería mecánica en el MIT, quien ha colaborado con Keo Fish Farms, una operación comercial de acuicultura en el Delta de Arkansas. Su trayectoria —desde un pequeño pueblo en Wyoming hasta el campus del MIT y un activo criadero de peces en Arkansas— proporciona una visión tangible sobre cómo la ingeniería aplicada, las asociaciones académicas y la innovación en el terreno pueden crear nuevos modelos para la agricultura regenerativa en Estados Unidos.

De Wyoming a MIT: Un sueño ingenieril

Originaria de Powell, Wyoming (una comunidad con aproximadamente 6,400 habitantes), Hayano creció rodeada de agricultura y escasez de agua. Sus primeros intereses en la jardinería junto a su abuela y sus proyectos de irrigación durante su tiempo en el centro agrícola de su escuela secundaria sentaron las bases para su ambición: estudiar ingeniería mecánica en el MIT.

Esta aspiración dio frutos rápidamente. Al llegar a Cambridge, Hayano se conectó con el D-Lab del MIT, un programa diseñado para co-crear soluciones ingenieriles junto a comunidades, especialmente aquellas que enfrentan pobreza o limitaciones relacionadas con recursos naturales. Para muchos estudiantes del MIT, D-Lab representa su puerta de entrada al trabajo de desarrollo basado en el campo en África, América Latina y el sudeste asiático. Sin embargo, cada vez más, el programa ha ampliado su misión doméstica para incluir áreas rurales de EE. UU. que experimentan inseguridad alimentaria, hídrica y energética.

D-Lab y Keo Fish Farms: Una colaboración innovadora

Este cambio hacia lo nacional preparó el terreno para un nuevo esfuerzo conjunto. En 2024, Keo Fish Farms contactó al D-Lab buscando colaboración técnica ante un creciente desafío relacionado con la calidad del agua. La granja había comenzado a observar niveles elevados de hierro en sus aguas subterráneas, lo que provocaba mortalidad entre los peces durante los picos estivales. Este problema era tanto biológico como mecánico: especies acuícolas como la lubina híbrida y la carpa triploide requieren entradas constantes y limpias de agua, mientras que los sistemas de pozos que extraen aguas ricas en hierro comprometían la salud de los peces y la viabilidad a largo plazo del criadero.

Kendra Leith, directora asociada del D-Lab para investigación, vio una oportunidad única. La región del Delta representa una intersección crítica entre tres realidades importantes para las políticas públicas y la investigación académica: producción de proteínas valiosas, infraestructura hídrica envejecida o inadecuada y declive rural generacional.

Ingeniería aplicada como laboratorio vivo

Al llegar a Keo Fish Farms, Hayano participó en un proyecto estructurado como un compromiso ingenieril co-creativo —el modelo fundamental del D-Lab— donde documentó el sistema actual de captación de agua, analizó la profundidad del pozo respecto a las capas geológicas ricas en hierro y evaluó opciones de filtración como aeración y sedimentación.

La colaboración generó tres valores académicos inmediatos. Primero, se revisaron las limitaciones reales mediante un proceso conocido como *ground truthing*. Las limitaciones incluían niveles de hierro que varían estacionalmente y presupuestos que no contemplan financiamiento infinito. Luego se exploraron tecnologías potenciales para mitigar las áreas problemáticas; las soluciones para reducir hierro iban desde perforar pozos más profundos hasta incorporar biochar y otros medios filtrantes regenerativos capaces de unir contaminantes mientras mejoran la salud del suelo y las plantas en otras partes de la granja. Finalmente, se revisó la relevancia política: la calidad del agua en acuicultura se sitúa en la intersección entre conservación del Departamento de Agricultura (USDA), estándares hídricos de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA) y variabilidad climática relacionada con acuíferos.

Agricultura regenerativa: Un reto nacional

Aunque Keo Fish Farms desempeñó un papel secundario en esta narrativa, el proyecto destacó un desafío más amplio: ¿puede la acuicultura estadounidense adoptar principios agrícolas regenerativos? La agricultura regenerativa —tradicionalmente asociada con cultivos agrícolas o sistemas ganaderos— rara vez incluye a la acuicultura en conversaciones nacionales. No obstante, esta última se encuentra en el núcleo mismo del ciclo químico del agua, integración energética renovable e investigación sobre biochar.

El trabajo realizado por Hayano ayudó a aclarar que probablemente dependerá de sistemas hídricos regenerativos donde filtración, biochar y energía solar formen una infraestructura cerrada; dejando atrás modelos lineales tradicionales.

Lecciones clave para universidades y responsables políticos

La asociación entre Keo Fish Farms y D-Lab ofrece un modelo replicable para aprendizaje experiencial dirigido a estudiantes STEM e investigación regenerativa basada en campo. Para legisladores federales y estatales, ilustra cómo las comunidades rurales pueden servir como sitios innovadores esenciales para modernizar infraestructuras hídricas críticas para garantizar seguridad alimentaria.

Para Hayano, esta experiencia reafirmó que las carreras ingenieriles pueden estar arraigadas no solo en laboratorios tecnológicos sino también en sistemas rurales pasados por alto que alimentan al país. “Estoy muy agradecida por esta experiencia”, reflexionó tras concluir el proyecto. “Me abrió los ojos sobre cómo la ingeniería puede apoyar sistemas alimentarios sostenibles”. Su historia resuena con una tendencia más amplia entre estudiantes que buscan carreras donde convergen tecnología, medio ambiente y bienestar público; capturando así una parte relevante del relato innovador estadounidense.

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