Un estudio reciente de la Universidad de Manchester ha revelado una consecuencia inesperada de las prohibiciones de bolsas de plástico en África Oriental, poniendo de manifiesto cómo las leyes ambientales bien intencionadas pueden complicar la vida de aquellos a quienes buscan proteger. El antropólogo Dr. Declan Murray pasó nueve meses en Dar es Salaam, la capital de Tanzania, observando el trayecto cotidiano de las bolsas plásticas desde pequeñas tiendas y puestos de comida hasta los hogares y lugares de trabajo.
Tanzania implementó una prohibición sobre las bolsas plásticas en 2019, uniéndose a más de 120 países que intentan combatir el desperdicio plástico. Sin embargo, seis años después, los resultados han sido sorprendentes. A pesar de la legislación, los pequeños sobres plásticos que se utilizan para empaquetar productos esenciales como harina, aceite y alimentos cocinados continúan siendo un salvavidas para millones de residentes. Para muchas familias que viven al día, comprar pequeñas cantidades de alimentos es la única opción asequible; sin estos sobres económicos, no hay forma práctica para que los comerciantes distribuyan los productos alimenticios.
El impacto del "División Plástica"
La investigación, publicada en el Journal of Material Culture, demuestra que aunque la prohibición ha eliminado las grandes bolsas plásticas en supermercados y barrios adinerados, las comunidades más pobres se han quedado con pocas alternativas viables. Las bolsas de papel, tela y trenzadas son demasiado costosas o inapropiadas para transportar alimentos húmedos o calientes. Como resultado, los pequeños sobres plásticos siguen circulando silenciosamente, ayudando a las personas a enfrentar su diaria "búsqueda por la vida", una frase en swahili que muchos habitantes de Dar es Salaam utilizan para describir su lucha por ganar suficiente dinero cada día.
El estudio introduce el concepto de “División Plástica”, que refleja la brecha entre quienes pueden fácilmente prescindir del plástico y aquellos cuyas vidas dependen de él. Los residentes acomodados pueden permitirse comprar bolsas reutilizables y adquirir productos preenvasados en supermercados, mientras que las familias de bajos ingresos dependen en gran medida de pequeñas tiendas, vendedores ambulantes y mercados locales que requieren estos sobres plásticos para operar.
Repercusiones económicas y sociales
Además, se pone énfasis en cómo muchas personas generan ingresos a partir del plástico. Fabricantes a pequeña escala, vendedores del mercado y mayoristas en bicicleta dependen del comercio de estos sobres. Otros reutilizan el plástico creativamente: como combustible para fogatas, protección contra la lluvia o incluso como método para mantener alejados a los insectos de los alimentos. Para estos grupos, el plástico no es simplemente un residuo; es una herramienta esencial para la supervivencia.
"La contaminación por plástico es un problema real", afirma el Dr. Murray. "Pero estos hallazgos muestran que las prohibiciones que no consideran la vida cotidiana pueden afectar más severamente a las comunidades más pobres. La gente no utiliza plástico porque quiera dañar al medio ambiente; lo hace porque es la única opción viable para ellos".
Reflexiones finales sobre políticas ambientales
Este estudio plantea preguntas cruciales para gobiernos, organizaciones benéficas y grupos ambientales a nivel mundial. Sugiere que reducir el desperdicio plástico debe ir acompañado del apoyo a las necesidades diarias de las personas, ya sea mediante alternativas asequibles, cambios en los sistemas de suministro alimentario o involucrando a las comunidades con menos recursos en el diseño de soluciones.
“
Las políticas que parecen simples sobre el papel pueden tener efectos complejos sobre el terreno; si el mundo quiere abordar la contaminación por plástico de manera justa, primero debe entender cómo el plástico moldea la vida de quienes más dependen de él.
Dr. Declan Murray
„
DOI: https://doi.org/10.1177/13591835261421143