Un reciente estudio internacional, en el que participa el CIBIO-BIOPOLIS de la Universidad del Porto, ha puesto de manifiesto los peligros que enfrentan ciertos depredadores marinos, como los tiburones y los atunes, que poseen la capacidad de regular su temperatura corporal. Este trabajo, publicado en la reconocida revista Science, advierte sobre el riesgo creciente de sobrecalentamiento al que se ven sometidos estos peces a medida que las temperaturas oceánicas aumentan.
Las especies mesotérmicas, como el famoso tiburón blanco y varios atunes, tienen la habilidad de mantener partes de su cuerpo a temperaturas más elevadas que las del agua circundante. Esta adaptación les permite nadar con mayor rapidez y recorrer largas distancias. Sin embargo, esta ventaja tiene un alto costo energético: según el estudio, estos depredadores requieren aproximadamente 3.8 veces más energía en comparación con especies de sangre fría de tamaño similar.
Implicaciones del Aumento Térmico
“Esto implica que estos animales deben consumir una mayor cantidad de alimento para sostener su estilo de vida”, señala Ivo da Costa, investigador del CIBIO-BIOPOLIS. “Además, un incremento de 10 °C en su temperatura corporal puede más que duplicar su tasa metabólica”. Para obtener estos hallazgos, el equipo utilizó una innovadora metodología basada en sensores ('biologging') que miden en tiempo real tanto la temperatura del cuerpo como la del agua.
Dichos datos han permitido identificar límites térmicos críticos: temperaturas superiores a las cuales estos peces no pueden disipar calor eficientemente. Según explica Nuno Queiroz, coautor del estudio, “logramos establecer límites térmicos —temperaturas del agua por encima de las cuales estos peces ya no pueden mantener una temperatura corporal estable—”. Cuando se superan esos límites, los tiburones y atunes deben modificar su comportamiento (nadar más despacio o buscar aguas más profundas y frías) o activar mecanismos fisiológicos para evitar el sobrecalentamiento, lo cual también conlleva costos adicionales, como mayores dificultades para encontrar alimento.
Afectación por Tamaño Corporal
El estudio también revela que este problema se agrava con el aumento del tamaño corporal. Los peces más grandes tienden a retener más calor, lo que genera un desbalance entre la producción y la disipación térmica. “A medida que estos peces crecen, sus cuerpos generan calor más rápidamente de lo que pueden perder”, añade Lara Sousa, coautora del estudio.
Estos resultados ayudan a explicar patrones de distribución observados previamente: los peces mesotérmicos más grandes suelen habitar aguas más frías en latitudes elevadas y realizan migraciones estacionales en busca de temperaturas adecuadas. “Muchas especies mesotérmicas ya están amenazadas por la sobrepesca; con el calentamiento global, el hábitat propicio para ellos disminuirá aún más, aumentando así su vulnerabilidad”, concluye Queiroz.
A pesar de representar solo alrededor del 0.1% de las 30 mil especies de peces existentes, los mesotérmicos juegan un papel ecológico crucial como depredadores tope. Su capacidad para retener calor interno les permite mantener partes vitales como músculos y cerebro a temperaturas superiores a las del agua circundante. La reducción de su hábitat podría tener consecuencias significativas para el equilibrio de los ecosistemas marinos.



Si (
No(